El pueblo católico de la ciudad de San Miguel se sumó a la conmemoración del Domingo de Ramos que recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, y da inicio a las festividades de la Semana Santa que se desarrollan del 2 al 9 abril.

«Este día hemos iniciado de manera solemne a la Semana Santa con la procesión de Ramos, acompañando al mesías de Dios que triunfante entra en Jerusalén entre palmas canticos y alfombras sabiendo muy bien que Jerusalén es el lugar de su muerte su pasión, Jerusalén es el lugar de la cruz, pero también es el lugar de la resurrección», dijo Monseñor Fabio Colindres, obispo de la Diócesis de San Miguel.

El religioso encabezó la procesión que partió de la parroquia El Señor del Calvario hacia la Catedral Basílica de San Miguel, acompañado por un grupo de fieles católicos y portaban ramos de palma en sus manos y un corazón ferviente.

«Es un día alegre es el día en que celebramos nuestra redención, también hemos meditado la pasión y la muerte del señor; les invito a unirnos a la cruz para poder también mostros resucitar con Cristo Jesús, que no haya resentimiento, ni odios, ni rencores en nuestros corazones», dijo Colindres a los asistentes a la misa de Ramos.

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También pidió a los feligreses vivir esta Semana Santa con total entrega, «pidámosle a Dios la gracia de que nuestra iglesia, nuestro país, pueblo, nuestras familias, matrimonio, jóvenes, niños y ancianos seamos todos redimidos a la luz y con la fuerza de la sangre del cordero que ha sido derramada para nuestra redención».

Más temprano otra procesión partió de la Capilla Medalla Milagrosa con rumbo a la parroquia Oratorio San José, el involucramiento activo de los jóvenes y niños en esta parroquia es una de sus principales fortalezas. Era imposible no ver al pequeño Lían Suárez, de 4 años, ataviado con una túnica blanca, imitar cada uno de los pasos y movimientos realizados por el Fray Henry González.

La abuela de Lían, que le observa de cerca, asegura que el niño ve en el religioso un buen amigo digno de imitar, y como familia consideran que involucrar a los niños desde pequeño en la Fe es uno los mejores regalos que le pueden dar.

«La fe uno se las hace a los niños, cuando uno no les enseña nada a los niños ellos crecen sin fe, no creen en las cosas de Dios, y lo mejor que pueden hacer los padres es enseñarles la fe a los niños», dijo Sonia Reyes, abuela de Lían.

Por ello la Semana Santa es la época que aprovechan las familias para reforzar la fe en sus corazones, alejar la soledad y el sufrimiento, y reconocer que todos necesitan que Jesús les acaricie como lo expresó el Papa Francisco durante su homilía de domingo de ramos.