« En la casa se encontraban dos niños, tenían hematomas por todo su cuerpo y rostro, se podía observar que tenían fuertes golpes en ojos y uno de ellos incluso tenía marcas de mordida en una de sus orejas», así se narra en la acusación contra Johana E. G. de 28 años y Manuel A. C. de 27, madre y padrastro de las víctimas, ambos fueron enviados a prisión por maltrato infantil.

Este caso es uno de tantos que trascienden en que niños reciben, principalmente de sus padres, un golpe o un insulto como «castigo», estas acciones se traducen en maltrato infantil. De 2,002 menores de edad identificados como víctimas de este delito, entre 2018 a abril de este año, 1,110 fueron niñas y adolescentes, según la Fiscalía General de la República.

«Este delito puede entenderse como maltrato físico, moral o psicológico y a partir de eso se generan circunstancias de cada hecho como golpes, señas, quemaduras, etcétera», dijo Madeline Ayala, Coordinadora de la Niñez y Adolescencia de la Dirección Nacional de la Mujer, Niñez, Adolescencia y otros grupos vulnerables de la Fiscalía.

El maltrato infantil está tipificado en Código Penal en el artículo 204 que establece que «el que maltratare a una persona menor de edad con evidente perjuicio físico, moral o psicológico, será sancionado con prisión de uno a tres años, siempre que no constituyere un delito más grave.

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Igual sanción se aplicará a cualquier persona que con abuso de los medios de corrección causare perjuicio a una persona menor de edad que se hallare sometido a su autoridad, educación, cuidado o vigilancia o que se encontrare bajo su dirección con motivo de su profesión u oficio».

La Fiscalía registró para 2018, un total de 528 denuncias por maltrato infantil, los casos aumentaron para 2019 cuando se reportaron 636 y tuvieron una leve disminución en 2020 cuando el ministerio público recibió 621 denuncias. Entre enero a abril de este año van 243 reportes de supuestos maltratos.

Según las investigaciones que lleva Fiscalía, Ayala explicó que el maltrato más cometido en menores de edad es el físico, en esto coincide Fátima Alvarado, Técnica del Departamento de asistencia técnica del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA) y quien añade que los principales maltratadores son los mismos progenitores.

En términos generales, se conoce que 1 de cada 2 niños y niñas experimentan castigo físico en América Latina y el Caribe, según Unicef. De enero a diciembre del 2020, las Juntas de Protección de la Niñez y Adolescencia recibieron 9,416 casos de vulneraciones contra niños, niñas y adolescentes, en el que hubo 11,277 víctimas (62.92% fueron niñas y adolescentes y el 31.43% niños y adolescentes).

«La causa se basa en una situación cultural porque el ejercicio de poder es la forma que se usa para poder modificar las conductas, pero no es así, porque el castigo no es el adecuado ‘así lo hicieron conmigo así lo haré yo’. Las violencias son progresivas; podes comenzar con un castigo físico, dentro de lo normal que conocen las personas, pero se va avanzando cuando ya no podes controlar a los niños», detalló Alvarado.

La falta de inteligencia emocional y falta de crianza respetuosa es parte de las causas. «No existe una educación y esto propicia a que se continúe», dice la psicóloga del CONNA.

Ambas especialistas coinciden en que el lugar donde más se comete maltrato infantil es en el hogar. «Las principales denuncias que reciben las Juntas de Protección en el CONNA son por violencia dentro del núcleo familiar, en la misma casa, incluso situaciones relacionadas con abuso sexuales son personas de casa o allegados a la familia», explicó Alvarado. Mientras que, Ayala asegura que pese a que el hogar es el ámbito más común donde se den casos «no está exento que otras personas puedan cometer este hecho en otro lugar, como en escuelas».

UN DAÑO IRREPARABLE

El castigo físico y el maltrato psicológico conlleva consecuencias físicas, psicológicas y sociales, como «baja autoestima, sentimientos de soledad y abandono, exclusión del diálogo y la reflexión, generación de más violencia, ansiedad, angustia, depresión trastorno en la identidad, entre otros. Necesitan tener control sobre otra persona», explicó Alvarado.

Además, uno de los agravantes del maltrato infantil es que puede derivar a otros delitos. «Dependiendo de cada caso de maltrato, al analizar las circunstancias, se pueden encontrar con diversas situaciones de delitos cometidos, se da dentro de un ambiente de violencia familiar que conlleva al maltrato y muchas veces este maltrato reiterado puede llevar a delitos mayores como lesiones, delitos de contenido sexual, entre otros», contó la especialista de la Fiscalía.

Tanto el ministerio público como la CONNA, reciben avisos y denuncias por maltrato infantil. Ambas instituciones tienen protocolos de atención con los que intentar «brindar un manejo integral y reducir la victimización».

«Tratamos de reducirlo para que no le afecte más que el hecho en sí mismo, hay modelos de atención en los que se aborda al niño con un equipo multidisciplinario, atención psicológica, ludotecaria, entre otros factores», dijo Ayala.

Ambas especialistas concuerdan que el no denunciar estos casos provoca que se continúe normalizando el maltrato infantil. Reeducar y estructurar «es la única solución para disminuir la violencia infantil, no es algo inmediato, es algo minucioso de muchos años», ahondó Alvarado.