El politólogo Óscar Martínez Peñate dice que el 1.° de junio de 2019 —cuando Nayib Bukele tomó posesión como presidente de la república— ocurrió la refundación del Estado salvadoreño, lo que provocó una transformación positiva en todos los ámbitos del país, comenzando con la seguridad pública y luego abarcando otras áreas como la economía, la salud, la educación, la tecnología y el turismo. Considera que todas estas transformaciones deben profundizarse, y esto solo se logrará si la población mantiene el modelo Bukele.
Desde su perspectiva académica, ¿cuáles considera que son las transformaciones más profundas que ha impulsado el presidente Nayib Bukele en la estructura del Estado salvadoreño, y qué implicaciones tienen para la gobernanza a largo plazo?
Los cambios estructurales fundamentales se dieron con la llegada del presidente Nayib Bukele. Uno de ellos fue declarar la guerra a las pandillas y el otro fue la guerra contra la corrupción. También se dio la destitución de la Sala de lo Constitucional, de jueces, magistrados y fiscales. Esto fue realmente clave porque, si no, el Plan Control Territorial (PCT) no hubiera tenido el éxito que tiene en este momento, de haber ganado la guerra al crimen organizado.
La otra cuestión fundamental es la educación. Nunca se le había dado el interés que el presidente Nayib Bukele le dio. Los programas y estudios tenían aproximadamente 25 o 30 años y ahora se ha dado un cambio en la currícula del sistema educativo nacional y también se han creado nuevos textos. Además, se han entregado a todos los estudiantes del sistema público, desde parvularia hasta bachillerato, tabletas y laptops con acceso a internet. También vemos la construcción y reconstrucción de escuelas. Hay una política pública del presidente Nayib Bukele de Dos Escuelas por Día. Se ha beneficiado al estudiante y a la niñez salvadoreña.
Los centros escolares que construyeron ARENA y el FMLN parecían gallineros y champas, y no lo estoy diciendo con fines literarios ni ficticios, sino que era realidad. Ahora, los estudiantes por primera vez gozan de seguridad, paz y tranquilidad, porque se ha eliminado el fenómeno de las pandillas.
El otro cambio fundamental es la cuestión de salud. Los gobiernos anteriores dejaron en completo y absoluto abandono la salud, con hospitales desvencijados, cayéndose a pedazos, sin camas. Tampoco había medicinas e implementos médicos, pero ahora se ha dado una transformación con la instalación de un Sistema de Emergencias Médicas (SEM). El equipamiento de instrumentos quirúrgicos de alta gama y de alta tecnología, que antes solo se miraba en los hospitales privados, ahora la ciudadanía tiene acceso de forma libre. En términos de salud nos vamos a convertir en un paradigma no solo a escala latinoamericana, sino mundial, porque es el único país que utiliza la inteligencia artificial en el diagnóstico, que es acompañado con el diagnóstico del médico, y que todos los pacientes tienen acceso gratuito a medicinas y a exámenes de laboratorio.
Se ha hablado del concepto de Estado moderno y eficiente. ¿Qué características concretas observa usted que reflejan esa modernización en El Salvador, y cómo se diferencia del modelo institucional que impusieron ARENA-FMLN?
Para que todo esto sucediera se dio una refundación del Estado, es decir, se creó por primera vez un sistema político democrático. En el pasado lo que hubo fueron dictaduras y autoritarismos. Por primera vez el poder Ejecutivo, especialmente el presidente, su objetivo principal es satisfacer y resolver los problemas de la sociedad, del individuo.
Se ha dado una modernización en todas las instituciones del Estado, no solamente con la incorporación de la tecnología para agilizar procesos, sino que también en atención del ciudadano. Y esto ha venido también a beneficiar al sector privado, porque antes tenía que hacer una serie de trámites. Eso daba lugar a que existiera la corrupción. Ahora eso no sucede, se acabó la corrupción en el país. Cuando uno va a solicitar cualquier servicio público se hace con agilidad.
En términos de seguridad pública, ¿cómo evalúa el impacto político y social del régimen de excepción y del Plan Control Territorial?
El impacto político que ha tenido ha sido realmente contundente. Precisamente porque la efectividad del Plan Control Territorial y el régimen de excepción puso en evidencia que este Gobierno es democrático, que este Gobierno vela por el interés de la ciudadanía y fundamentalmente por un derecho humano que fue pisoteado en los gobiernos anteriores como es el derecho a la vida, el derecho a la circulación, a la libre expresión. El impacto político es irrefutable, no solamente es cualitativo, sino cuantitativo. Vemos que las encuestas dan más del 90 % de aprobación y respaldo de la población. La gran propuesta de la oposición es terminar con el Plan Control Territorial y el régimen de excepción. Son ciegos, están desconectados de la realidad. Por otra parte, hemos visto cómo países de Sudamérica están emulando el Plan Control Territorial y el régimen de excepción. Ese éxito ha traspasado las fronteras.
¿Considera que las transformaciones en seguridad han influido directamente en variables económicas como la inversión, el turismo y el clima de negocios?
Sin haber eliminado a las pandillas eso no hubiera sido posible. Eso ha permitido un renacimiento del emprendimiento. Las personas antes no podían poner su tienda. No podían poner un taller de artesanal. No podían dedicarse al comercio porque inmediatamente que se establecía un negocio los pandilleros le iban a cobrar la extorsión y empezaban a amenazar a la familia. En todo el país ha habido un renacimiento del emprendimiento de negocios. Vemos ese dinamismo de la economía, vienen muchos inversionistas extranjeros, fundamentalmente estadounidenses, canadienses y europeos. Vemos cómo empresas de Honduras y Guatemala están viniendo a instalarse aquí en El Salvador porque aquí hay seguridad jurídica, hay seguridad ciudadana y hay certeza jurídica.
Además, hay una serie de políticas públicas encaminadas a estimular la inversión, en cuanto a impuestos, a condiciones. La importación de insumos para hardware, software, robótica, inteligencia artificial, etcétera, están exentos de tributos. Eso también hace atractivo a El Salvador. Hemos visto el nacer del comercio, de los servicios, parece increíble. En cuanto a inmuebles, se está dando una construcción de una forma impresionante de edificios para habitación, para centros comerciales, oficinas, y eso es realmente característico de este crecimiento. También resulta que ahora El Salvador está de moda a escala internacional. Hoy, El Salvador está en los listados de un lugar a visitar de las principales empresas de turismo, agencias de turismo, promotores de turismo a escala mundial, y antes estaba en la lista de países no visitados. El año pasado tuvimos un ingreso de 3.9 millones de extranjeros y al cerrar este año lo más probable es que se pase los 4 millones de turistas.
Algunos analistas sostienen que el país está atravesando no solo un cambio de políticas, sino también un cambio de paradigma político. ¿Comparte usted esta visión?
Sí, definitivamente. Los paradigmas que había antes de criminalidad, de corrupción, ineficiencia e incompetencia se cambiaron desde el 1.º de junio de 2019 cuando Nayib Bukele accedió a la presidencia. Se cambió de paradigma para convertir al Estado al servicio de la población y no al servicio de las mafias, del crimen organizado ni del narcotráfico ni poderes fácticos.
De cara a los próximos años, ¿cuáles considera que serán los principales desafíos y oportunidades para consolidar las transformaciones actuales?
Se han dado cambios estructurales espectaculares en lo social, en lo económico, en lo político y en lo cultural, pero se deben seguir profundizando. Tendremos que ir de lo mejor a lo mejor: esa es precisamente la utopía. Estamos hablando de convertir a El Salvador en un país próspero, que emerja como potencia económica a escala latinoamericana. Se están sentando las bases para convertirnos en lo que utópicamente se quiere: ser un país con prosperidad económica, con seguridad y con democracia, así como referente financiero, económico, de innovación tecnológica y creación de conocimiento científico.
¿Y cuál considera que es la clave para lograr esta consolidación que usted plantea?
La clave es mantener el modelo Bukele, porque beneficia única y exclusivamente al ciudadano. Esa es la máxima expresión de la democracia. Porque no está en función del ingreso económico, de la ideología política, del origen familiar, sino del ciudadano como tal. Esa es la clave y mientras se mantenga el modelo Bukele se va a garantizar que esto perdure.
¿Qué podría esperarse en el campo político electoral para lo que resta de 2025 y para 2026?
No es necesario ser mago para predecirlo, para eso existen instrumentos y técnicas de investigación científica que le pueden servir a uno para fundamentar un análisis político. Y me estoy refiriendo a las encuestas. Las encuestas dan más del
90 % de apoyo y respaldo de la ciudadanía al presidente Nayib Bukele; mientras tanto, vemos que los partidos de oposición ni aparecen en las encuestas y otros aparecen de forma minúscula, con dos o tres (puntos porcentuales). Ellos no tienen opción real de poder. La gran propuesta de ellos es eliminar el Plan Control Territorial, eliminar el régimen de excepción y abrir el Cecot (Centro de Confinamiento del Terrorismo). La gente no está dispuesta a volver al pasado oscuro en que nos mantuvieron estos partidos tradicionales.






