Durante décadas, El Salvador estuvo sometido al control de estructuras delictivas. En diferentes distritos, la población se desplazaba hacia los cascos urbanos bajo un constante clima de temor ante posibles acosos o ataques de pandilleros. Sin embargo, en territorios como San Isidro, Cabañas Este, los habitantes relatan que la situación era aún más restrictiva, al punto de impedirles trasladarse desde los cantones hasta el parque central.
La escena hoy es diferente. La apertura de nuevos negocios, familias caminando por la plaza central, transportistas distribuyendo sus productos y la presencia de un pequeño mercado —que abarca unas dos cuadras— reflejan la transformación del distrito, que tras años de miedo y restricciones ha recuperado espacios antes controlados por las pandillas.

Desplazarse a cualquier hora desde los cantones hacia el casco urbano y otras zonas es uno de los principales beneficios que han tenido los pobladores, quienes además agradecen al Gobierno de Nayib Bukele por la implementación del Plan Control Territorial y el régimen excepción, medidas a las que atribuyen la actual transformación.
«Yo siempre he vivido aquí. Antes era muy peligroso, no se podía caminar y menos a pie. Todo mejoró desde que entró el presidente Bukele; si no hubiera entrado él, estaríamos peor. Yo miraba a los muchachos, aunque nunca me hicieron nada siempre se les tenía temor», recuerda Daysi Martínez, mientras observa a su hija jugar en el parque con otros niños.
La misma percepción de seguridad es confirmada por Olivia Romero, propietaria de una tienda ubicada en el parque central. «Yo fui víctima de las pandillas, a mí me pedían la renta —extorsión—, pero ahora se siente diferente y mi negocio ha crecido. Uno ve la ganancia porque la gente ya no sale con miedo, vienen a comprar. Gracias al señor presidente estamos así», dice.
Un pasado de peligro
San Isidro fue considerado por mucho tiempo como uno de los municipios más peligrosos de Cabañas. En 2017, en el distrito donde ahora habitan 7,333 personas, hubo 21 homicidios, reflejando una tasa de 261.5 homicidios por cada 100,000 habitantes, según el Informe sobre desplazamiento interno forzado por violencia en El Salvador 2017 de Cristosal.
Algunas víctimas de las pandillas fueron Óscar Alfredo Guevara Moreno, de 54 años, propietario de una ferretería, quien entre 2015 y 2018 fungió como concejal municipal de San Isidro. Fue asesinado el 3 de julio de 2019 por no querer integrarse a la estructura, según la investigación fiscal.
En febrero de 2018, los pandilleros Juan José Moreno Cruz y Víctor Alfonso Arias Rodas asesinaron a una persona en nombre de la Mara Salvatrucha, ya que tenían sospecha de que la víctima era informante de las autoridades. El crimen fue cometido en caserío Los Pineda, cantón Izcatal.
Homicidios, extorsiones y limitación a la libre circulación eran de los principales delitos cometidos por las pandillas en el lugar antes de 2019.
«¿Cuánto nos vas a dar?», «¿qué traes?», «¿quiénes vienen?», eran algunas de las preguntas frecuentes que los pandilleros hacían a empleados municipales cuando se desplazaban a diferentes comunidades a trabajar.

«Cuando hacíamos las visitas a los cantones, no podíamos entrar si primero no pedíamos permiso —a la pandilla—, que íbamos a ingresar. Y si ingresábamos al cantón con vehículo particular y las ventanas cerradas, ya teníamos un problema. Gracias a Dios la situación ha mejorado y podemos tener acercamiento a comunidades en las cuales no podíamos ingresar», dice una de las empleadas de la comuna que opta por el anonimato. Recuerda que muchas veces fue interceptada por pandilleros a quienes debían rendir información.
Pobladores de San Isidro aseguran que cada año la situación de seguridad ha mejorado y afirman que desde que se implementó el cerco militar en 2023 confían más en las autoridades, pues lograron capturar a la mayoría de los pandilleros que delinquían en la zona.
El cerco militar en Cabañas fue el primero que abarcó todo el departamento y el sexto instalado en el Gobierno de Bukele, luego de los implementados en Comasagua, Soyapango, La Granjita, Tutunichapa y Nueva Concepción en Chalatenango para ir tras remanentes de pandillas.
La incursión militar fue ordenada por el mandatario luego de que dos policías fueron heridos en el cantón Maquilishuat, de Ilobasco, en una emboscada.
Cantón El Amate, caserío Flor Amarilla, Potrerillos y Potrero de Batres eran algunas zonas de las más peligrosas de San Isidro.
Comercio entre los locales
San Isidro, con una extensión de 78.33 km, ahora se enfoca en desarrollarse. Los pobladores aseguran que, desde que la seguridad ha mejorado, los negocios han proliferado en el casco urbano y en los cantones.
«Ha habido cambios notorios, incluso la gente de las comunidades más lejanas ya tiene negocios que antes no se veían, como ventas de ropa. Hoy la gente ya puede tener ese tipo de comercios porque ya no tienen miedo de que los muchachos les quiten su ganancia. Antes los negocios trabajaban, prácticamente, para los pandilleros que teníamos en la zona», expuso la funcionaria municipal.
Lo anterior sucedió con Jacqueline, quien inició con su venta de comida mexicana cuando la situación de seguridad mejoró en el pueblo. «Realmente me libré de pagar «renta» —extorsión— porque aquí muchos negocios pagaban. Ahora ya me siento más segura y a la gente igual se le nota que anda caminando tranquila», contó.

Igualmente, Rosalinda Lozano, quien tiene un puesto en el mercado, afirma que ya puede estar tranquila con su mercadería sin temor a que le exijan dinero o que le roben o hurten algún artículo de su venta.
«Todo ha mejorado, todos los negocios con tranquilidad, nadie nos está presionando. Puedo venir temprano acá y no pasa ningún problema, uno puede estar acá con la mercadería y tampoco hay problema. Todos estamos trabajando, colocamos las cosas que traemos y no pasa nada. Eso es lo mejor», dice Lozano.
La población de San Isidro expresa satisfacción con el trabajo desarrollado por las autoridades y coincide en que las medidas de seguridad implementadas deben mantenerse, al considerar que han permitido el crecimiento local, recuperar la tranquilidad y fortalecer la confianza ciudadana en los espacios públicos.






