A las 8:22 de la mañana de aquel 13 de febrero de 2001, Brenda Jaqueline Rafael, de cinco años, estaba pegando figuras geométricas en su salón de clases de Parvularia, en el Cen-tro Escolar Católico Nuestra Señora de Candelaria, en Cuscatlán.
Hablaba con sus compañeritas, cuando empezó el temblor de 6.6 grados, que provocó una tronazón en la vieja estructura de bahareque y madera de la escuelita.

«En la aflicción salimos corriendo por la puerta. Éramos tres los que salimos y la maestra (Ana Elizabeth Chicas) nos dijo que nos regresáramos para hacer una filita. En eso ví la pared que se nos venía encima. De repente ví bien oscuro, quedé entre escombros. Me saca-ron inconsciente al parque», recuerda Brenda.
El dato oficial da cuenta que hace 25 años, una maestra, seis niños de parvularia, y dos niños de segundo y cuarto grado perdieron la vida soterrados a consecuencia de una liberación violenta de energía en la zona de subducción de las placas de Coco y del Caribe.
Brenda Jaqueline ahora tiene 30 años, y tiene entre sus ocupaciones, confeccionar uniformes para el Centro Escolar Católico Nuestra Señora de Candelaria, donde ella estudió y donde su hijo Axel Eduardo Sánchez, cursa el kínder 5.
En los 22 segundos que duró el terremoto del 13 de febrero de 2001, causó destrozos, sobre todo en los departamentos de La Paz, San Vicente y Cuscatlán. Su epicentro fue ubicado a 13 kilómetros de profundidad en el Distrito de San Pedro Nonualco, en La Paz.
Candelaria se convirtió en símbolo por la tragedia en la escuela parroquial, en ese momento ubicada frente al parque Central y a un costado de la Iglesia Católica. Actualmente el centro escolar ha sido reubicado en calle al Lago, barrio El Centro, con una infraestructura moderna.
Duros recuerdos
Para Brenda sigue siendo difícil recordar. En el terremoto murió su amiguita, con la que estaba hablando minutos antes del temblor. Aún se recuerda, con el cuerpo lleno de polvo y llorando por no saber nada de su primo, quien era su compañero de aula. Afortunadamente su primo sobrevivió.
Rememora cómo algunos de sus compañeritos sobrevivieron colocándose debajo de los pupitres y de un mueble que era usado para colocar las loncheras. El milagro de su vida -dice-, se lo debe a Dios y a la virgen de Candelaria, cuya imagen está en un sitio privilegiado en su hogar, junto a su esposo e hijo.
Con el dolor aún fresco, recuerda que unos meses después regresaron a clases en aulas provisionales, hasta que se construyó el que ahora es el Complejo Educativo Católico Nuestra Señora de Candelaria.
Después del sismo, los escombros quedaron en todos lados. Las historias de terror estaban por todos lados. El párroco de Candelaria también fue rescatado dentro de los escombros de la iglesia destruida, pero sobrevivió.
Alejandro Castro vive cerca del parque de Candelaria y recuerda que fue uno de los que acudió a tratar de rescatar a los niños soterrados. Recuerda que fue una pared de la igle-sia, la que se derribó sobre el aula de los niños de parvularia.
De esa tragedia quedan recuerdos tristes, en un pueblo que se ha levantado con un nuevo templo, nuevas escuelas y un ambiente de emprendedurismo.
Ana Elizabeth Chicas, la maestra heroica de Cojutepeque
Hace 25 años, la profesora de parvularia perdió la vida en el intento de salvar a los niños del Centro Escolar Católico Nuestra Señora de Candelaria. Fue reconocida como «Maestra Heroica» por la Asamblea Legislativa en marzo del 2001.

Muy de mañana, el día de la tragedia, la maestra Ana Elizabeth Chicas de Chávez, pidió la bendición a su madre, María Isabel de Chicas y salió apresurada de su casa, en Cojutepeque, Cuscatlán, a tomar el autobús que la llevaría al Centro Escolar Católico Nuestra Señora de Candelaria. En ese momento tenía 35 años y apenas un año de lograr la plaza en la parvularia de la escuelita parroquial, donde atendía en un solo salón a niños de cuatro a seis años.

María Isabel o Chabelita, como es conocida en Cojutepeque y quien ahora tiene 88 años, vivió la intensidad del terremoto del 13 de febrero de 2001 y vio cómo se agrietaban las paredes de su casa y el tronido de estructuras de adobe y madera, yéndose al suelo en toda la ciudad.
En medio de la angustia, se acordó de su hija maestra y cuando preguntó por ella, le dieron la fatal noticia. Ana Elizabeth Chicas murió soterrada, mientras intentaba rescatar a sus alumnos en la escuelita parroquial.

Chicas ayudó a sacar a unos 35 niños de la escuela. Entonces escuchó llorar a unos de sus alumnos de parvularia y al entrar a rescatarlos, quedó soterrada junto a ellos. «El te-cho les cayó encima. Cuando la rescataron, en una mano tenía un niño y con la otra mano, como queriendo recoger a otros niños», explica María Isabel, quien ha sido maestra de pro-fesión y ejerció también en el Distrito de Candelaria y en el kínder María Bedoya Aguilar de Cojutepeque. Su esposo y padre de Ana Elízabeth, también fue maestro. La maestra heroica es recordada como una persona alegre que le gustaba hacer bromas. Era madre de tres hijos, que quedaron al cuidado de su esposo y familia.
Declarada heroica
Su valentía fue altamente reconocida. Ana Elizabeth obtuvo el título de Secretaria Ejecutiva, pero con el tiempo decidió seguir los pasos de sus padres, como maestra. «Ella estaba encantada con sus alumnos», recuerda su hermano, Raúl Humberto Chicas.

En reconocimiento a su entrega, la Asamblea Legislativa le otorgó el título de Maestra Heroica, de manera póstuma. «La profesora Ana Elizabeth Chicas de Chávez, perdió la vida en un acto heróico, el pasado 13 de febrero, en la Escuela Parroquial del municipio de Candelaria, departamento de Cuscatlán; tratando de salvar a un grupo de sus alumnos, en ocasión del terremoto ocurrido ese día en todo el territorio nacional», reza el decreto legislativo, publicado el 2 de marzo de 2001.






