La colonia Primavera, en el distrito de San Vicente, fue reconocida hace muchos años por tener altos índices de violencia, especialmente por la presencia de pandillas y su accionar en diferentes modalidades; sin embargo, la realidad ahora es diferente y siguen superando los temores y el estigma, según cuentan los residentes.

«La vida aquí es distinta, la colonia está integrada por la urbanización Flores, la Nueva Esperanza y otra más. Somos de las colonias más grandes, con cerca de 500 familias, que desde hace unos años volvimos a comenzar, por decirle algo», dice con cautela Mercedes Moreno.

Las tiendas y puestos de verduras, pequeñas ferreterías, ventas de artículos para el hogar, comedores, tortillerías, más de algún emprendedor recorriendo la colonia con minutas o sorbetes, carros de empresas entrando a abastecer los comercios, son parte de lo que ahora se observa en el lugar.

Aunque antes había tiendas, los propietarios debían pagar la extorsión a los pandilleros para que los dejaran trabajar, informó una fuente policial.

En la actualidad, los habitantes han mejorado sus viviendas y otros comienzan a hacerlo. La gente les ha dado color a las fachadas, así los enormes grafitis que marcaban cada pasaje o dividían la comunidad en clicas, controlando el territorio, ya no existen. «Todavía no salimos de lo que pasó, hay algo de temor aún porque aquí casi todo estaba contaminado de ellos; pero poco a poco vamos saliendo adelante», expresó otra habitante que pidió omitir su nombre.

En tanto, la niñez se ha beneficiado con este clima de seguridad en la colonia, ya que la matrícula desde parvularia a sexto grado se mantiene alta en el Centro Escolar Urbanización Flores, y la tranquilidad para todos es total al asistir a clases, según representantes del Ministerio de Educación.

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