A casi 80 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki, en Japón, los habitantes mantienen intacto el recuerdo de este hecho histórico que marcó la historia contemporánea.
A solo unos metros de distancia del punto cero del poderoso estallido que arrasó con la ciudad se encuentra el museo de la bomba atómica.
Alberga diversas exposiciones que narran en forma cronológica los hechos del 9 de agosto de 1945 y las devastadoras consecuencias para la ciudad. Algunas de las exposiciones más llamativas son las que muestran los restos de la infraestructura de Nagasaki.
En la primera parte del museo está una réplica de cómo quedó la ciudad después de la explosión de 21 kilotones provocada por Fat Man, el nombre con el que el Ejército de Estados Unidos bautizó la bomba, que destruyó iglesias, escuelas, casas y toda la infraestructura.
Se presentan fotografías de las personas que se expusieron a la radiación nuclear, quienes sufrieron quemaduras y lesiones en el rostro. Asimismo, se muestran una réplica de la bomba, los videos del lanzamiento y la explosión en el aire después de que fuera lanzada por el bombardero Bockscar.
También hay puertas con las sombras de las personas vaporizadas por la energía liberada por el estallido atómico.
El museo cuenta con una demostración de alta tecnología con una maqueta 3D de la ciudad y de cómo la onda de expansión de la explosión avanzó destruyendo todo, desde el epicentro hacia las afueras de la ciudad.
Estudiantes locales y visitantes nacionales y extranjeros conocen a diario el lugar, en el cual también se ofrecen talleres de origami para representar figuras locales y participar en el salón conmemorativo de la paz.
El objetivo del museo es promover la cultura de paz para evitar conflictos que afecten a la población.
La fachada del edificio fue diseñada como un homenaje para honrar a las víctimas de este ataque ocurrido casi al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya la Alemania nazi, aliado del imperio japonés, había sido derrotada en Europa.

Las fotografías del ataque lanzado por EE. UU. muestran los daños en viviendas, escuelas y calles.

Las personas que lograron sobrevivir al estallido atómico presentaron lesiones, quemaduras y otras secuelas.

Visitantes japoneses y turistas extranjeros acuden a diario al museo para conocer más sobre este hecho.

Fotografías atestiguan cómo la mayoría de los edificios de la ciudad fueron destruidos. Entre los escombros hallaron cuerpos calcinados.






