Si a alguien le quedaba dudas sobre las consecuencias del cambio climático y el aumento de temperaturas en el mundo, este 2020 debió acabar con todas esas incertidumbres. En un año marcado por las tragedias y el caos, las crisis ambientales estuvieron a la orden del día y Australia y Estados Unidos fueron dos países que sufrieron sus impactos al máximo.
Enero y febrero 2020: las llamas se apoderan de Australia
Inicialmente, entre enero y febrero de 2020, las imágenes que los medios internacionales difundían de grandes partes del territorio australiano parecían sacadas de Hollywood. La ola de calor había desatado una serie de incendios forestales que se propagaron por gran parte de Australia arrasando con todo lo que encontraban a su paso y complicando a los cuerpos de socorro en su lucha por apagar las llamas.
Para enero, National Geographic señalaba que los incendios en Australia habían devastado un total de 52,400 kilómetros cuadrados, dejando también 27 personas fallecidas y más de 1,000 millones de animales afectados por el daño a sus ecosistemas. National Geographic también enfatizaba un dato con una potencial consecuencia a futuro: los incendios habían generado hasta 400 megatoneladas de CO2 liberadas hacia la atmósfera terrestre.

La temporada de incendios en Australia inició realmente en 2019. Sin embargo, en los primeros meses de este 2020 encontró su pico más alto, generando caos y preocupación a escala mundial por un fuego que parecía no controlarse. Expertos ambientales señalaron que, en ese período, Australia vivió parte de los meses más secos nunca antes experimentados, en un país que, en 2019, había tenido el día más caluroso de su historia, específicamente el 18 de diciembre, con 41.5°.

Estados Unidos y los cielos naranja a causa de los incendios
Tras los hechos en Australia, los cuales fueron medianamente controlados en febrero, el 2020 tenía preparada una nueva ola de calor el mes de septiembre, la cual impactó de llenó en Estados Unidos, sobre todo, en San Francisco y otras regiones del oeste.
El 9 de septiembre el mundo se impactó ante una escena pocas veces vista: los cielos de Estados Unidos se tiñeron de un anaranjado impresionante a consecuencia de los incendios que comenzaron a consumir gran parte del territorio de California, originados a causa de las altas temperaturas y de la sequedad en el ambiente.
Ese mismo mes, Australia volvió a ser azotada por una nueva ola de calor, la cual provocó, de nuevo, gigantescos incendios que destruyeron el 40% de los bosques de la isla Fraser, la mayor isla de arena del mundo, inscrita en la lista de patrimonio mundial de la Humanidad de la Unesco.
El 2020, según los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) terminó siendo el segundo año más caluroso de la historia, quedando apenas debajo de las temperaturas que se registraron en 2016. Las organizaciones internacionales han reiterado también que las catástrofes ambientales vistas este año pueden ser mayores en años venideros.








