«¿Hasta cuándo viviremos bajo las bombas y con la muerte por todas partes?», afirma Um Hosam, de 29 años, junto con sus cuatro hijos y con lágrimas en el rostro.

Desde que Hamás lanzó el ataque el sábado 7 de octubre, matando al menos a 1,300 personas, Israel bombardea sin descanso el enclave palestino gobernado por el movimiento islamista, donde al menos 1,500 palestinos han muerto, un tercio de ellos niños, de acuerdo con las fuentes sanitarias locales.

Um Hosam se marchó hace tres días de su barrio bajo las bombas y se refugió en casa de familiares.

«No tenemos casa, todo ha sido destruido en Gaza. ¿Dónde están los árabes? Deben protegernos, ¡basta ya!», prosigue el hombre, que volverá a mudarse en menos de una semana.

La cuestión del desplazamiento es crucial en la Franja de Gaza, donde más del 80 % de los aproximadamente 4 millones de sus habitantes son refugiados que abandonaron sus pueblos y ciudades o fueron expulsados de ellos cuando se creó Israel, en 1948.

Estos dolorosos recuerdos resurgieron cuando el Ejército israelí arrojó panfletos pidiendo a los residentes que partieran «inmediatamente» hacia el sur de la Franja de Gaza, un estrecho territorio de 362 kilómetros cuadrados, que limita al norte y al este con Israel; al oeste con el Mediterráneo; y al sur con Egipto.

Desde entonces, las carreteras se llenaron de familias cargando algunas pertenencias en bolsas de plástico, indicaron reporteros de la AFP. Un niño sostiene con fuerza su almohada en la mano, una mujer reúne todo lo que puede guardar en un bolso de cuero que lleva al hombro.

También hay habitantes que decidieron quedarse, sea porque no conocen a nadie que les pueda recibir en el sur o porque se niegan a dejar una tierra que Israel podría recuperar.

Hamás, que gobierna el enclave desde 2007, pidió a los habitantes que desacataran la intimación de Israel al igual que el presidente palestino, Mahmud Abás, que administra Cisjordania ocupada. Este nuevo desplazamiento es «una segunda Nakba», la «catástrofe» que constituye para los palestinos la creación del Estado de Israel, afirmó Abás.

Mohammed Jaled, de 43 años, también decidió quedarse. «¿Qué quiere el mundo de nosotros? ¿Yo ya estoy refugiado en Gaza y quieren que me vaya otra vez?», exclama.

«¿Qué haremos en Rafah?», una importante ciudad en el otro extremo de Gaza, en la frontera con Egipto, se pregunta.

Tras el ataque de Hamás el sábado, Israel decretó el estado de sitio en la Franja de Gaza, prohibiendo la entrada de bienes y combustible y cortando los suministros de agua y electricidad.

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