Vestido de blanco y en compañía de una de sus hijas, el mandatario Gustavo Petro abrió la jornada electoral.
«El voto debe ser libre y sin presión», dijo el primer presidente de izquierda en la historia del país.
Sin posibilidad de reelección, Petro dejará el poder con una alta popularidad entre las clases bajas después de reducir los índices de pobreza monetaria, el hambre, el desempleo y ampliar los programas sociales en uno de los países más desiguales del mundo.
El próximo presidente «que nos ayude (…) para tener algo de tranquilidad, algo de paz, porque así como están las cosas, estamos muy nerviosos, hay mucho, mucho conflicto», dice a la AFP María Eugenia Motato, una ama de casa de 57 años, en Suárez, un municipio del suroeste colombiano azotado por la violencia de guerrillas y narcotraficantes.
Lidera la intención de voto el candidato de su partido, el senador de 63 años Iván Cepeda, que plantea darle continuidad a las políticas de Petro en medio de una crisis fiscal y un recrudecimiento de la violencia.
En el polo apuesto está la voz confrontativa contra la izquierda de Abelardo de la Espriella, un excéntrico abogado millonario de 47 años que se hace llamar «El Tigre», cuyo símbolo es el saludo militar y que promete la muerte o la cárcel para mafiosos.
La derechista Paloma Valencia, una senadora opositora apadrinada por el poderoso exmandatario Álvaro Uribe (2002-2010), aparece en tercer lugar.
Según las encuestas, ningún candidato conseguirá los votos suficientes para ganar en primera vuelta, por lo que se prevé un balotaje el 21 de junio.
La jornada electoral se extenderá hasta las 21H00 GMT. La autoridad electoral espera tener resultados pocas horas después del cierre y aspira a una reducción de la abstención que suele superar el 40%.
El gobierno desplegó 408.000 miembros de la fuerza pública para garantizar la seguridad en el país con la mayor producción mundial de cocaína.
La campaña transcurrió en medio de un clima de polarización y miedo, con mortíferos atentados de guerrillas, el asesinato de un aspirante presidencial y negativas de los principales candidatos a participar en debates.
- Gobierno «disruptivo» –
Petro es el gran protagonista de una elección dividida entre quienes lo apoyan y quienes lo rechazan. Su gobierno significó una quietud en un país gobernado por élites conservadoras a lo largo de dos siglos.
El exguerrillero que firmó la paz en 1990 se enfrentó al Congreso, las cortes, la fiscalía y el banco central ante las negativas a aceptar sus reformas.
Tuvo una «posición disruptiva», dice Juan Camilo Lozano, docente de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional.
Para las elecciones, la base electoral de Petro se volcó hacia Cepeda, hijo de un político comunista asesinado y formado desde niño, debido al exilio, en países socialistas como Checoslovaquia, Bulgaria y Cuba.
El filósofo y defensor de los derechos humanos apuesta por los «excluidos»: víctimas del conflicto, indígenas y campesinos.
«Superar definitivamente la pobreza y acabar con la desigualdad social, esta será la prioridad esencial de nuestro segundo gobierno», dijo el sábado.
La oposición le critica ser uno de los arquitectos de la «Paz Total», la política con la que Petro intentó sin éxito negociar con las organizaciones que siguieron en armas tras el acuerdo con la guerrilla de las FARC en 2016.
«Cuando uno viene a votar tiene esa esperanza de que las cosas pueden cambiar», dice en Bogotá Cristina Peña, una comerciante de 50 años cansada de la «guerra».





