El cierre del estratégico estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte de petróleo y gas, ha revelado el sentido detrás de la política energética de China de los últimos meses: construir reservas sustanciales de crudo que ahora pueden servir para enfrentar interrupciones en el suministro global.

Durante 2025, China destinó $10 000 millones a adquirir cerca de 150 millones de barriles adicionales de petróleo que no necesitaba de inmediato. Estas reservas, bajo una nueva política energética que obliga al sector público y privado a mantener almacenamiento estratégico, ahora podrían equivaler a casi 96 días de importaciones, proporcionando un colchón en caso de crisis.

La estrecha vía marítima de Ormuz es vital para el comercio global de energía: aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial transita por ahí cada día, con destinos principales en Asia. Sin embargo, una escalada militar reciente en el Golfo Pérsico, que incluye ataques a infraestructuras y tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel, ha generado una situación en la cual el tráfico por esa ruta se ha reducido drásticamente por razones de seguridad.



Ante ese contexto, China ha pedido públicamente que se garantice la seguridad en el estrecho y ha instado a las partes involucradas a evitar acciones que interrumpan el tránsito de buques petroleros y de gas. La posición oficial del gobierno chino sugiere la importancia estratégica de esta ruta, no solo para su propio suministro energético sino para la estabilidad económica global.

El bloqueo parcial del estrecho ha elevado los precios del crudo en los mercados internacionales, intensificando la presión sobre países consumidores de energía. El impacto es particularmente significativo para economías asiáticas como China, que dependen en gran medida del petróleo y gas natural que pasa por el canal para abastecer su industria y consumo interno.

Analistas señalan que esta estrategia de preparación ha permitido al país mitigar parcialmente posibles interrupciones en el suministro, incluso mientras el bloqueo en Ormuz continúa afectando al comercio energético global.

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