En plena guerra comercial desatada por Donald Trump, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, buscará ampliar mercados e inversiones para España en el viaje esta semana a China y Vietnam, donde se reunirá con dirigentes y empresarios.

En la primera visita oficial de un jefe de Gobierno español a Vietnam, el gobernante socialista llegará el miércoles a Hanói, donde se entrevistará con el presidente Luong Cuong, el primer ministro Pham Minh Chinh y el secretario general del partido comunista, To Lam, el máximo líder vietnamita.

El jueves irá a Ho Chi Minh, pulmón económico del país, donde se reunirá con empresarios.

Foto: AFP

Un día más tarde, en su tercera visita a China en poco más de dos años, Sánchez se desplazará a Pekín, para conversar con el presidente Xi Jinping y con inversores chinos.

Sánchez busca ampliar las relaciones comerciales con estos países, con los que mantiene una balanza comercial negativa, cuando la ofensiva arancelaria del presidente estadounidense amenaza con asestar un duro golpe tanto a España, como miembro de la Unión Europea, como a China y Vietnam, indicaron fuentes del Gobierno.

Estados Unidos anunció aranceles del 20% a la UE, 34% a China -además del 20% que ya Trump le había impuesto en febrero- y 46% a Vietnam. Más aún, Trump amenazó el lunes con imponer un arancel adicional del 50% a China a partir del miércoles.

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«Un error»

Tras su pasado encuentro con Xi en Pekín, en septiembre, Sánchez abogó por un «orden comercial justo», cuando crecía la tensión entre Pekín y la UE por los aranceles a los vehículos eléctricos chinos, respondidos por China con una investigación sobre sus importaciones de cerdo de la UE.

Un asunto delicado para España, el mayor exportador de productos porcinos del bloque a China.

Para Inés Arco, investigadora especializada en Asia del CIDOB, gabinete de ideas en Barcelona, Sánchez «ha intentado mostrarse como un puente entre Bruselas y China y ser una de estas voces que llaman al pragmatismo» y a priorizar «el elemento económico».

Este nuevo viaje, apenas siete meses después del anterior, ha levantado críticas de la derecha española y la prensa conservadora, que recelan de un acercamiento a China en el contexto actual y critican que Sánchez pueda estar actuando por su cuenta sin alinearse con Bruselas.

«Es un error querer cambiar de la noche a la mañana Estados Unidos por China», advirtió Alberto Núñez Feijóo, el líder del Partido Popular (PP, derecha), el principal de oposición, quien dudó de que la visita esté «coordinada con la política exterior de la UE».

El viaje no es contra nadie y España sabe que el mercado estadounidense no es sustituible, insistieron las fuentes del Gobierno.

El desplazamiento de Sánchez coincide además con tímidos mensajes conciliatorios de Bruselas a Pekín, cuya relación ha estado marcada por tensiones comerciales y acusaciones recíprocas de prácticas injustas.

Tras la vuelta de Trump a la Casa Blanca, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llamó en enero a «comprometerse con China de manera constructiva», y el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, visitó Pekín recientemente para «fomentar una relación comercial más equilibrada y cooperativa».