Cambiar la vida de un paciente es lo que más llena de satisfacción a la salvadoreña Mireya Moreno, una experta en órtesis y prótesis que se desempeña desde hace cinco años en la clínica privada Krupa Órtesis, Prótesis y Rehabilitación y en la fundación ROMP, una asociación que se dedica a la fabricación de aparatos protésicos y órtesis para personas amputadas de escasos recursos, en Quito, Ecuador.
Es la única salvadoreña mujer que cuenta con la certificación de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) de Ecuador para ejercer su profesión, y a diario se dedica a crear nuevas oportunidades para las personas con discapacidad.
Su pasión por contribuir al país sudamericano inició en 2016, cuando recién se graduó de la Universidad Don Bosco en El Salvador. Moreno se unió a una brigada de voluntariado de ROMP en Guatemala y Ecuador, y esa cercanía con los pacientes hizo que se enamorara más de su profesión.
De acuerdo con la especialista, la mayoría del personal ecuatoriano que se dedica a las órtesis y prótesis aprende de manera empírica y aplicando a cursos relacionados, pero no existe una carrera en este campo como en El Salvador. Además, sus conocimientos, disposición y arduo trabajo llamaron la atención del director ejecutivo de ROMP, David Krupa, quien le ofreció empleo en la clínica Krupa.

cinco pacientes a diario.
La connacional labora como gerente de ventas en órtesis y prótesis en Ecuador y como ortesista protesista desarrollando capacitaciones para que otros profesionales en el campo de la salud conozcan más sobre esta rama. Las campañas se llevan a cabo en hospitales o zonas militares. La salvadoreña comparte el equipo de la clínica con otros siete colegas.
«Lo que me gusta de ser ortesista protesista es devolverles esa alegría perdida a las personas y demostrar que la brecha de la discapacidad se puede romper por medio del esfuerzo y de un trabajo en conjunto», comentó a «Diario El Salvador».
En la clínica puede atender hasta a cinco pacientes cada día, desde bebés de 10 meses hasta a personas de la tercera edad que requieran de prótesis. También participa en jornadas donde atienden a 35 pacientes y en el que su principal objetivo es buscar a padrinos de otros países que los puedan dotar.
«Lo que me incentiva de estar aquí es que siempre me dicen que los salvadoreños irradiamos luz en la parte humana. De esta manera ponemos nuestro granito de arena para poner a “caminar” a Ecuador», dijo con orgullo.

ampliar sus conocimientos con otros
profesionales.






