Una bandera de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en El Salvador llamó su atención siendo una niña, y aunque en ese momento desconocía su significado, cuando lo descubrió, marcó su verdadera vocación: proteger y ayudar a los demás. Ahora, como embajadora de El Salvador ante las Naciones Unidas y como madre, Egriselda López es la fuente de inspiración de su hija de siete años.
La diplomática, de 41 años, una de las embajadoras más jóvenes de El Salvador y las Naciones Unidas, se dedica a diario no solo a defender los intereses como país, sino a aportar soluciones a los desafíos globales que afectan a la población.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, en su agenda está garantizar y promover que las mujeres puedan participar en la política y en la toma de decisiones, eliminar el matrimonio infantil y forzado, proteger los derechos de las trabajadoras migrantes y combatir la violencia contra las mujeres.
Su pasión por contribuir a los cambios y transformar al mundo se reafirmaron cuando dio vida a otro ser humano. «Ser madre ha reforzado mi convicción de que el trabajo que hacemos hoy definirá el mundo en el que crecerán las futuras generaciones», comentó la embajadora a «Diario El Salvador».

«Cada decisión que tomamos en espacios multilaterales, cada esfuerzo por construir paz, desarrollo y cooperación no es abstracto, tiene un impacto real en la vida de nuestros hijos. Como madre, quiero que mi hija crezca en un mundo más seguro, justo, inclusivo y lleno de oportunidades. Como diplomática de El Salvador tengo la responsabilidad de contribuir activamente a construirlo para mi hija y para todos los niños y niñas», afirmó.
Uno de los momentos memorables para López es cuando Camila (su hija) estuvo presente en la Asamblea General de la ONU durante la adopción de la resolución del Día Internacional del Juego en 2024, que se estableció el 11 de junio.
Esta fue una propuesta de El Salvador, Bulgaria, Kenia, Vietnam, Jamaica y Luxemburgo para reconocer la importancia del juego y cómo este promueve la educación, el desarrollo y el bienestar de los niños en todo el mundo.

El rol que López desempeña como embajadora es admirado por Camila, quien incluso le obsequió un dibujo de ambas trabajando como diplomáticas en la ONU. «Ella dice que quiere ser embajadora como mamá y trabajar por El Salvador, lo cual me llena de mucho orgullo, pero también mucho compromiso», compartió.
Inspirada por la bandera de la ONU, López decidió estudiar la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de El Salvador (UES), y aunque nunca pensó convertirse en embajadora, entre sus metas sí estaba representar al país de alguna manera en esa organización.
Para la embajadora, mostrar que aunque el camino hacia los sueños puede ser desafiante, con dedicación, perseverancia y mucha preparación es posible alcanzarlos.
«A aquellas mujeres que creen que tener una familia y una carrera profesional en diplomacia es incompatible quiero decirles que no es fácil, pero es posible. La idea de que hay que elegir entre una cosa o la otra es una barrera que hay que derribar», aseguró.
«El mundo necesita más mujeres en la diplomacia, más mujeres en la mesa de negociación, más mujeres representando a sus países, y estoy convencida de que cuando una mujer entra a este espacio abre más puertas», sostuvo.

«Sigamos avanzando no solo para estar en Naciones Unidas, sino para dar forma a las decisiones que cambian el mundo, y cuando duden, porque dudar es humano, recuerden todo lo que ya han logrado y lo persiguen con determinación y con el corazón», afirmó.
Actualmente, López es la presidenta de la Quinta Comisión de la 79.ª Asamblea General de la ONU y es la cuarta mujer en desempeñar el cargo en los casi 80 años de la organización. Llevará el liderazgo por un año (de septiembre de 2024 a septiembre de 2025).
La comisión es la encargada de administrar los recursos de la ONU y «esto es clave, porque sin financiamiento ninguna decisión, ningún programa o ninguna declaración de Naciones Unidas podría llevarse a cabo», explicó.
La comisión primero se asegura de que cada iniciativa que sea aprobada por la Asamblea General tenga los recursos necesarios para hacerse realidad, pero también que los recursos sean utilizados de manera eficiente y transparente para cumplir con sus objetivos.
«Trabajar en la ONU ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. No solo por la magnitud de los desafíos que nosotros enfrentamos, sino por la oportunidad de ver el impacto real que pueden tener los acuerdos que logramos», dijo.
«En diplomacia el trabajo en equipo no solamente es un detalle, es la clave del éxito», agregó.






