Hace unas semanas, descontento con el mandatario venezolano Nicolás Maduro por el ritmo de vuelos de repatriación de sus nacionales, el magnate republicano revocó la licencia que permitía a la petrolera estadounidense Chevron operar en Venezuela.

Le dio de plazo hasta el 3 de abril para liquidar operaciones en el país caribeño, que anticipa consecuencias en el mercado.

Y es que Venezuela es el tercer país proveedor de petróleo a Estados Unidos, por detrás de Canadá y México, con 296.000 barriles diarios (bd) en diciembre de 2024, según la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés).

Según el Financial Times, «Venezuela exportó 660.000 barriles diarios de crudo a todo el mundo el año pasado, con China, India y España entre los principales compradores».

En un mensaje en su plataforma Truth Social Trump calificó este lunes la nueva medida de «arancel secundario». Lo aplicará -dice- «por diversas razones».

«Venezuela ha enviado a Estados Unidos, de forma deliberada y engañosa, a decenas de miles de delincuentes de alto rango y de otros tipos, muchos de los cuales son asesinos y personas de naturaleza muy violenta», se queja.

Cita como ejemplo a la pandilla Tren de Aragua, a la que designó organización terrorista global a su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero.

«Estamos en proceso de devolverlos», añade Trump, cuyo gobierno echó un pulso a Maduro para que repatríe a nacionales en situación irregular en Estados Unidos si quiere evitar «nuevas sanciones duras», en palabras del jefe de la diplomacia Marco Rubio.

«Este no es un tema de debate ni negociación. Tampoco merece recompensa alguna», avisó Rubio la semana pasada.

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