El Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) firmó una nueva orden ejecutiva que refuerza y amplía las sanciones económicas contra Cuba, en una medida que intensifica nuevamente la presión sobre el Gobierno de la isla.

El decreto fue suscrito por el presidente Donald Trump y establece nuevas restricciones dirigidas a sectores estratégicos de la economía cubana, entre ellos energía, minería, servicios financieros y defensa, con el objetivo de limitar el acceso del país a recursos y divisas internacionales.

La decisión también contempla sanciones para personas y empresas extranjeras que mantengan vínculos comerciales con entidades estatales cubanas, lo que amplía el alcance del bloqueo económico y endurece las condiciones para operaciones internacionales relacionadas con Cuba.

Desde La Habana, el Gobierno rechazó la medida y la calificó como «ilegítima y abusiva», al señalar que se trata de una política de presión económica que afecta directamente a la población y agrava la crisis interna del país. Autoridades de la isla han insistido en que este tipo de sanciones constituyen un «castigo colectivo» y han reiterado su llamado a la comunidad internacional para condenar el endurecimiento de las restricciones impuestas por Washington.

 En paralelo, el Gobierno de Estados Unidos sostiene que estas acciones buscan aumentar la presión sobre el régimen y promover cambios en su política interna, en medio de una relación bilateral que continúa marcada por tensiones históricas.

Hasta el momento no se han anunciado excepciones significativas dentro del nuevo paquete de sanciones, mientras analistas advierten que la medida podría tener efectos inmediatos en el comercio, la inversión extranjera y el acceso de Cuba a mercados internacionales.

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