Danny Amaya es un salvadoreño residente en el exterior que ha fundado, con el apoyo de goterenses, un centro de alimentación en el distrito de San Francisco Gotera, Morazán Sur, destinado a proveer almuerzo a adultos mayores.

Amaya, de 44 años, es originario de San Francisco Gotera y actualmente reside en el estado de Maryland, Estados Unidos, país al que migró hace más de 31 años cuando tenía 13.

Con el objetivo de ayudar a su comunidad creó en 2015 la fundación Sé Feliz, la cual tiene su principal fuente de ingresos en su empresa de contabilidad y en el apoyo de otros salvadoreños en el exterior.

El centro de alimentación, que lo llamó también como su fundación, comenzó a funcionar en la fase piloto aproximadamente hace un mes, con la atención al día de cerca de ocho adultos mayores de escasos recursos de Gotera, quienes ya están identificados.

Este proyecto en sus inicios fue inspirado por José Hilario Gómez, mejor conocido por la comunidad como Layito, quien vendió periódicos por más de 40 años en Gotera, y debido al deterioro de su salud ya no pudo trabajar.

«La idea surgió porque veía la necesidad de los adultos mayores que no tenían familia, necesitaban ayuda. Especialmente, el caso que me llamó la atención fue el de Layito, quien no tenía familiares y a su avanzada edad seguía vendiendo periódicos. A él lo apoyamos con la vivienda y la alimentación», mencionó Amaya.

El centro de alimentación se ha establecido en el hogar de Horacio García, un goterense que junto con su esposa se encargan de la preparación de los alimentos. Está ubicado en la Ruta de la Paz, en el cantón El Norte, frente al taller Palo Blanco, en el mismo local de un «carwash».

El lugar está abierto de lunes a viernes y al mediodía, y aunque atienden a una cantidad de adultos promedio esperan ampliar los beneficiados.

«Actualmente no podemos apoyar a tantos adultos por los fondos que se requieren. Nuestra idea para un futuro es identificarlos y registrarlos para darles el almuerzo», detalló el fundador.

El fundador hizo un llamado a quienes residan en el país o en el exterior para que apoyen la iniciativa de forma económica o con insumos para sostener los costos del centro de alimentación.

«A veces no es solo lo económico, a veces se puede apoyar con tiempo. No debemos olvidarnos de los ancianos, es la edad en la que más necesitamos», expresó.

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