Ir a conciertos no solo significa disfrutar de la música en vivo o cantar a todo pulmón los temas favoritos. Según la psicóloga María Gómez, conocida en redes sociales como @merigopsico, la ciencia respalda esa sensación de euforia que muchos sienten al salir de un evento musical: asistir con regularidad a conciertos podría incluso contribuir a una mayor esperanza de vida.
En un video publicado en Instagram, la psicóloga explica que distintos estudios han encontrado que quienes acuden con frecuencia a conciertos reportan niveles más altos de bienestar general, autoestima y un fuerte sentido de conexión social. No se trata únicamente de una percepción emocional, la experiencia de la música en directo provoca efectos medibles en el cuerpo y en el cerebro.

La psicóloga señala que escuchar música en vivo ayuda a reducir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Además, favorece la llamada coherencia cardíaca, un proceso en el que el ritmo del corazón tiende a sincronizarse con la música. Esta armonía fisiológica genera sensaciones de calma, enfoque y presencia.
Durante un concierto también se activa de manera significativa la estimulación mental. «La sensación de estar activo, comprometido, de que tu día tiene un sentido… Y no sabéis lo importante que es esto hoy en día», afirma Gómez en su mensaje. Esta activación podría explicar por qué muchas personas experimentan un «subidón» emocional después de un evento musical.
La especialista agrega que la Organización Mundial de la Salud recomienda mantener el contacto con la música a lo largo de toda la vida. Desde la infancia hasta la vejez e incluso en enfermedades como el Alzheimer, la música continúa siendo un puente hacia las emociones y la identidad personal.

Gómez también menciona un estudio que analiza lo que ocurre en el cerebro cuando llega el momento favorito de una canción. Ese instante provoca liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer, en niveles comparables a los generados por el enamoramiento o el consumo de chocolate. En directo, ese efecto se intensifica gracias a la combinación del sonido, las luces y la interacción social.
Los conciertos, según la psicóloga, funcionan como un ritual colectivo que fomenta el sentido de pertenencia. No solo se trata de ver a un artista, sino de compartir un espacio emocional con otras personas que sienten lo mismo. En ese entorno, expresarse sin juicio, como llorar, reír, saltar o gritar, lo cual contribuye a disminuir la sensación de soledad.
En una época marcada por el individualismo y la presión diaria, Gómez afirma que los conciertos recuerdan que el bienestar también implica conectar, soltar y vivir el momento en comunidad. Volver a casa con la voz ronca, el cuerpo cansado y el ánimo elevado, asegura, es una forma de autocuidado emocional… y tal vez, incluso, una inversión en longevidad.






