El oficio funerario históricamente ha estado ligado al último adiós de los seres humanos, y en el distrito de Ahuachapán, Darwin Salazar, propietario de una reconocida funeraria, decidió dar un paso distinto.

Impulsa la comercialización de ataúdes para perros, un servicio que busca ofrecer una despedida digna a las mascotas, muchas de las cuales se convierten en miembros inseparables del hogar.

Desde muy joven, Salazar recuerda que desarrolló un vínculo especial con las mascotas, Los perros, en particular, fueron compañeros constantes de su vida. Entre todos, hay uno que ocupa un lugar especial en sus recuerdos, se llamaba Dogui y era muy apegado a él, entre siete de sus hermanos, relató.

En Ahuachapán es la primera propuesta de este tipo, y Darwin sueña con que exista un cementerio para mascotas.

Cuenta que murió de forma natural, pero su despedida quedó inconclusa. No hubo ataúd, ni placa, ni un sitio al cual volver para recordarlo.

Con los años, esa experiencia re gresó una y otra vez a su memoria, especialmente al observar cómo muchas familias enfrentan la pérdida de sus mascotas en condiciones similares.

«Yo me doy cuenta del desprendimiento que hay entre un amigo que es un perro y lo difícil que es ir a enterrarlo. Muchas veces, por ejemplo, en mi cantón uno va al guatalón [palabra que se utiliza para denominar un espacio amplio del campo]. Entonces yo digo, si en ese momento hubiera tenido la oportunidad económica de decir “aquí hay una cajita”, hubiera sido menos doloroso tal vez el hecho de agarrarlo, echarlo en una cajita y enterrarlo dignamente, quizá en el mismo guatalón; pero no hay un cementerio para mascotas, ahí sí hubiera querido hacer eso. Por eso ahora, viendo la necesidad, opté por brindar este servicio», relató Salazar.

El servicio incluye ataúdes especialmente diseñados, placas conmemorativas y fotografías, elementos que permiten a las familias conservar un recuerdo de aquellos animales que con el tiempo, dejaron de ser solo mascotas para convertirse en amigos y parte esencial del hogar.

Salazar valora que honrar la vida de un animal es reconocer el vínculo que se construye con ellos, especialmente en hogares donde el apego es profundo y la pérdida se vive como la de un miembro más de la familia.

En Ahuachapán esta propuesta es la primera de su tipo. Salazar sueña con que, en un futuro, exista un cementerio para mascotas, ya sea municipal o privado, donde las familias puedan visitar un lugar, llevar flores y recordar sin prisas a esos compañeros silenciosos que marcaron sus vidas.

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