El inigualable sabor casero y las múltiples opciones para desayunar y almorzar han convertido al comedor Mercedes, en el distrito de San Rafael Cedros, en Cuscatlán Sur, en el lugar predilecto de cientos de personas de diferentes puntos del país, así como de salvadoreños que vienen del extranjero y que a diario pasan a disfrutar de la variada gastronomía cocinada artesanalmente con leña o a las brasas.

El establecimiento es accesible, tiene un amplio espacio para la comida a la vista, singular por la cantidad que se ofrece en bandejas, que contienen desde frijoles en sus diferentes preparaciones hasta carne deshilada con huevo; de hecho, son más de 40 alternativas para llevar al plato y que hacen imposible probar de todo en una sola vez.

«Mi mamá comenzó con una venta de panes cuando estaban construyendo la presa El Guayabo [Central Hidroeléctrica 5 de Noviembre, entre 1951 y 1954]. Pasaban los trabajadores de la presa y le comenzaban a decir que si, por favor, les hacía comida porque allá no tenían quien les vendiera. Y así fue como poco a poco se fue expandiendo», recordó Gloria Evelin González Mendoza, quien, asegura, mantiene el legado de su madre Mercedes Mendoza, ya fallecida.

Eran seis hermanos, ella junto consus dos hermanas retomaron la cocina desde pequeñas, intercalaban el estudio con la ayuda a su madre, quien les enseñó el toque de la comida casera y la responsabilidad con los clientes.

Gloria contó que durante la guerra ella ya estaba casada, y debido a amenazas tuvieron que irse para Estados Unidos y sus hijos se realizaron allá; pero asegura siempre venía para visitar y ayudar a su mamá y su hermana en el comedor. Sin embargo, cuando falleció su hermana y su mamá se quedó sola, decidió regresar al país para acompañarla y su hijo de 28 años se vino con ella. Ahora es él quien la acompaña y apoya en el negocio.

«A mí me encanta ver que a la gente le gusta la comida. Ella [la madre] decía: todo lo que haces con amor te sale bien, no necesitas echarle tantas cosas. Entonces, acá les digo que cocinamos como lo hacían las abuelitas, sin tantas cosas, pero todo bien hecho y con dedicación», añade la emprendedora.

Sus clientes son sus mejores guías a la hora de agregar nuevos platillos en el menú. «Hemos ido implementando más opciones, porque a veces el cliente nos pide algo y si no lo tenemos y ya son varias personas, hay que hacerlo, dándole el gusto casero», asegura.

Desde la pandemia de la COVID-19 quedó establecido que, para ingresar al área de comida a la vista, los clientes deben colocarse una mascarilla que brindan en el comedor, algunos ya saben y simplemente la usan, si no hay empleados orientando para cumplir la medida.

«Nos hemos quedado implementando la mascarilla por higiene, pues cuando uno habla sin querer salen partículas de saliva y la comida no tiene ninguna defensa. Hay gente que se molesta y me dice: “pero ya no hay COVID”, y yo les digo que es un momento que la van a usar y al salir se la quitan y comen tranquilamente», expresa.

El lugar es popular por las múltiples opciones de comida para desayunos y almuerzos, algunos de sus clientes dicen que lo prefieren entre muchos comedores y restaurantes que hay en esta zona de San Rafael Cedros, ubicado a pocos metros de la carretera Panamericana.

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