Ricardo recuerda que tenía entre seis y siete años cuando iba a su escuela y las demás personas que estaban a su alrededor lo hacían sentir mal porque era un niño callado e introvertido.

A sus 13 años, por problemas económicos y porque no se sentía cómodo en su lugar de estudio, tuvo que abandonar la escuela.

No sabía ni comprendía que estaba sufriendo bullying por parte de sus compañeros, ya que nunca lo comentó con nadie. Tampoco pensó que fuera relevante expresarlo.

Con el tiempo aprendió a «normalizarlo», sin embargo, luego de asistir a terapia psicológica se dio cuenta que la forma de actuar de los demás no fue correcta y que, de alguna manera, ese tipo de acoso había influido en su vida de adolescente y adulto.

«Lo vivía yo solo porque no me sentía apoyado, por eso decidí callarlo y vivir así con esa sensación fea. Todo eso me perjudicó ya estando mayor. A la hora de hablar con otras personas no me siento tan seguro de mí mismo, me cuesta tener una conversación porque no sé cómo seguir el tema», explica.

Para la psicóloga clínica, Cindy Durán, este tipo de comportamiento necesita tratarse con terapia porque puede ser un desencadenante para desarrollar un trastorno por estrés postraumático (TEPT), y con el paso de tiempo llegar afectar la forma de vida y la toma de decisiones.

El estrés postraumático se tipifica como un trastorno que se desarrolla después de una situación aterradora a la que se haya enfrentado un individuo, lo que genera una incapacidad para reponerse ante dicho suceso.

El bullying no es el único factor que da paso a este tipo de trastorno, existen muchos otros tipos de violencia o carencias que se experimentan de forma consecutiva que pueden generar traumas.

En algunos casos, el revivir un momento exacto donde estuvo en riesgo la vida o se sintió un enorme temor, también puede desarrollar el TEPT.

El haber sido parte una experiencia traumática quiere decir que el sistema nervioso central está activado. El no tratarse en el momento correcto puede conllevar a una predisposición para volver a experimentar situaciones similares, o a tener una reexperimentación combinada ante situaciones que no necesariamente se vuelven específicas de lo que causó el trauma.

«Algo muy importante es que no se da solo en la primera persona, sino que también hay trauma en segundo grado, ¿qué quiere decir esto? Que si yo vi una situación también puedo experimentar una situación traumática, puedo volver a experimentar emociones muy intensas como miedo a la frustración, desarrollar ataques de pánico, tener una percepción distorsionada de la realidad, pueden haber síntomas disociativos, es decir, la realidad no es coherente con lo que se está sintiendo», explica la experta.

El trauma de Ricardo se manifiesta en sueños durante los cuales revive episodios no muy gratos de su niñez.

«Sueño las cosas que viví en el pasado, sueño que estoy en el colegio y me están tratando mal, que soy perseguido y todo eso. Tengo pesadillas. Me levanto con gran terror y lo peor es que a veces de los sueños no puedo despertar», relata el joven.

Síntomas del trauma

El estrés postraumático, como explica la experta, puede variar de sintomatología. La reexperimentación puede ocasionar una alteración auditiva, olfativa o incluso una alteración sensitiva.

«Por ejemplo, una persona que tenga un trauma del desarrollo, no necesariamente lo va a vivir explícitamente de la misma forma, sino que pueda que huya, se quede callado, que explote, puede tener pesadillas recurrentes y se vuelven poco visibles de observar porque son normalizadas», manifiesta.

Si viviste o vives algún tipo de maltrato o situación donde no te sientes cómodo, uno de las primeras cosas que debes hacer es hablar con algún familiar o persona de confianza y te ayude a buscar ayuda profesional.

«Es mejor platicarlo con otras personas antes que guardarse las cosas porque si no el dolor se queda ahí adentro, sino son los papás, puede otro familiar cercano», aconseja Ricardo.

En el caso de encontrar a un especialista, te ayudará con terapia cognitiva o terapia de conversación para reconocer patrones que puedan estar afectando situaciones normales del día a día. También te puede tratar con terapia de exposición, que hará que te enfrentes de una manera segura con lo que te asusta.

«Como psicólogos, lo que hacemos es volver a reexperimentar esa situación para darle un nuevo significado a esa experiencia y al momento de estar expuesto en esa sintomatología utilizar diferentes alternativas de contención y de interpretación para sobrellevar la experiencia traumática», dice.

Es importante saber que el estrés postraumático no necesariamente aparecerá de forma inmediata o días después de lo que lo causa, sino que «va a depender de la condición psicológica de la persona, incluso podría necesitar un detonante fuerte para volver a experimentar la situación traumática. No hay un tiempo determinado», señala la psicóloga.

TÉCNICAS PARA GENERAR CONFIANZA EN LAS PERSONAS

Técnica de exposición prolongada. Se empieza con diferentes elementos que se asocian a la experiencia traumática, por ejemplo, si la persona tuvo una experiencia traumática con el agua, se comienza con el sonido que esta genera, su textura; tal manera que se le dé un significado adecuado para poder descodificar la sociabilidad errónea que ha configurado la mente.

Técnica de la imaginación guiada. Se aproxima a la persona (mediante su imaginación) a que reviva ciertas situaciones a la experiencia que vivió y así proveerle las herramientas adecuadas que le permitan canalizar las diferentes emociones o pensamientos de la situación traumática.

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