Como todo un Quijote en solitario, sin montar a caballo, pero sí con su fiel máquina portátil, donde cada día lleva su piedra de afilar, Jorge Mejía recorre a sus 82 años las calles de la zona urbana de Santa Ana ofreciendo afilar cuchillos, tijeras, corvos, cumas y otras herramientas que son de uso diario.

Desde hace más de medio siglo y motivado por «la rebusca», este qui jote santaneco se ha ganado la vida con su fiel máquina afiladora metálica móvil, que consiste en una estructura con una enorme llanta metálica, una especie de pedal y el sistema de cadena para hacer girar la piedra cir cular con la que le da filo a las herramientas, la cual activa con la fuerza de los pies.

Mejía, originario y residente de la colonia Santa Eduviges, del cantón Zacarías, asegura que inició en este oficio desde 1973 y desde entonces, sin parar, ha recorrido prácticamente toda la ciudad para ofrecer sus servicios a las familias santanecas, siendo actualmente uno de los pocos que realiza la labor de manera ambulante.

«Desde el año 73 inicié a andar afilando en la calle, la “hambrosia” [hambre] me hizo aprender. Yo agarro diferentes rutas, la calle Mariano Méndez, la PNC, El Palmar, San Miguelito, recorro toda Santa Ana. Yo afilo de todo: cuchillos, tijeras, machetes, cumas, hachas, azadón, de todo», afirma.

En todo el tiempo que lleva ejerciendo su oficio, dice que ha recorrido «de pe a pa» la Ciudad Morena, donde es reconocido por su buen trabajo y la calidad de filo que brinda a las herramientas. Señala que gracias a Dios, ni en el tiempo de la guerra ni en el tiempo de las maras ha pasado malas experiencias.

«Yo me tiré todo el conflicto armado trabajando, anduve entre las balas, una vez ahí por el Modelo [la antigua finca y ahora Complejo Deportivo Indes] estaban los muchachos [la guerrilla] y se empezaron a agarrar, “no tenga miedo”, me dije ron, y así pasé y seguí trabajando», recuerda.

De todas las herramientas a las que le ha dado filo, asegura que las que cuestan un poco más son los azadones y las hachas, especialmente aquellas no tradicionales, como las usadas en artes marciales o cacería, que requieren de más trabajo o porque sus propietarios prefieren afilar usando otras técnicas.

Mejía asegura que mientras tenga fuerzas para empujar su máquina afiladora y pedalear el sistema, continuará haciendo sus recorridos como el Quijote solitario por Santa Ana, conquistando el filo de las herramientas que usan en los hogares.

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