En una de las esquinas del parque central de Jucuapa, en Usulután Norte, desde hace seis décadas, durante las tardes, se pueden degustar las pupusitas de comal, un platillo típico salvadoreño que por la peculiaridad del tamaño se venden a cuatro por $1.
El negocio es liderado por Lilian Arely Velásquez desde hace ocho años, pero ella cuenta que las pupusitas del comal han existido desde hace 60 años en la ciudad, ya que su madre, María Irma Velásquez, trabajó haciendo pupusas pequeñas y antojitos durante 52 años.
Lilian comenta que recuerda desde que tenía ocho años a su madre cuando trabajaba elaborando pupusas y antojitos en las cercanías del parque.

De los siete hermanos, ella fue la única que aprendió este negocio y decidió mantener la tradición de enseñarle la elaboración de este platillo salvadoreño a sus hijas.
«Las pupusitas de comal son la herencia que mi madre me ha dejado porque ella ya no puede desempeñarlo, por su salud. La tradición va a seguir, mi mamá me dijo que les enseñe a mis hijas y las tres pueden hacerlas. Las pupusas siempre son revueltas porque de otro ingrediente no salen igual por su tamaño y por el comal», expresó Lilian.
La emprendedora cuenta que de este negocio su madre pudo sacar adelante a sus hijos, se siente muy agradecida con ella por el esfuerzo que siempre realizó y por enseñarle a ganarse la vida.
Esta mujer, de 45 años, retomó el negocio familiar cuando su madre ya no pudo continuar, debido a que le de tectaron cáncer e inició su proceso de quimioterapia. En ese entonces, Lilian trabajaba en un hospital de San Miguel como jefa de personal de limpieza, du rante el día estaba pendiente del nego cio de su mamá y al salir del trabajo por las tardes se dedicaba a atender y ela borar las pupusitas.
Fue hace cuatro años que decidió renunciar a su trabajo para poder estar más pendiente de su mamá y dedicarse completamente al negocio, al que llamó Antojitos y Pupusas El Comalito.
La peculiaridad de estas pupusas, además de su tamaño, es que son elaboradas en comal, por lo que no utiliza aceite y estas se cuecen con el calor del fuego y el sabor de la grasa que despide el chicharrón con queso con el que van rellenas.
«A la gente les llama la atención por su tamaño y porque son en leña; dicen que son como de juguete. La gente compra su dólar de pupusitas, pero luego se les antoja más porque el curtido que hago es picante y eso les gusta», dice.
Además de las pupusas, la emprendedora también elabora antojitos, que incluyen nuégados, yuca frita, enchila das, tostadas de plátano, de yuca y de papa, enredos y pastelitos.
Lilian coloca su puesto de jueves a martes. Ofrece antojitos durante el día y las pupusitas a partir de las 4 de la tarde a un costado del parque.






