Ana Graciela Amaya es una usuluteca de 89 años que mantiene viva la tradición del bordado a mano a través del emprendimiento que tiene con su hija, Ana Betty Quintanilla, llamado Bordados, Detalles y Ternura.
Madre e hija comenzaron el negocio hace aproximadamente 12 años, cuando se creó el Paseo El Calvario, un espacio para los emprendedores de dicho barrio de Usulután para comercializar sus productos y ofrecer un espacio de encuentro para las familias.
«Empezamos en Paseo El Calvario cuando solo eran dos cuadras, en el que había 20 emprendedores. Iniciamos con los cojines bordados y ahora también hacemos bordados en croché. Los cojines bordados que ha hecho mi madre han viajado a países como Australia, Canadá, Estados Unidos, entre otros», contó Betty.

Niña Chela, como cariñosamente le dicen, recordó que aprendió a bordar cuando estudiaba primaria, ya que en la escuela les enseñaban; posteriormente aprendió costura al estudiar en el centro de Usulután.
«Las profesoras nos enseñaban a bordar, me sacaba buenas notas en esto, me premiaban a fin de año. Hace 12 años recordé que podía bordar y empecé otra vez, y me ha ido bien porque mi trabajo ha ido por todas partes», comentó la octogenaria.
Ella es originaria del cantón Puerto Parada, y al casarse se mudó a Usulután en donde toda su vida se desempeñó como costurera.
Gracias a dicho trabajo ayudó a su esposo (quien falleció en 2001) a criar a sus hijos y sacarlos adelante.
Para sus hijos, Ana Graciela es una mujer admirable, ya que a pesar de su avanzada edad es una señora activa que disfruta de elaborar sus productos y venderlos en Paseo El Calvario los sábados por la tarde.
«Aún ella a su edad continúa trabajando como costurera haciendo vestidos, delantales, bordados. Empezó a hacer vestidos desde como los 19 años y así ayudó a sacarnos adelante, a nosotros, sus cinco hijos, y a convertirnos en unos profesionales», explicó Betty.

Los cojines, aunque son hechos por niña Chela, recibe el apoyo de dos de sus hijas, Cecilia y Betty, quienes la ayudan con el dibujo de los bordados, la personalización y la venta.
«Mi mamá es una señora muy activa y dedicada. Admiramos su amor por la vida y por nosotros sus hijos. Ella nos ha enseñado que nada es imposible en la vida y que los obstáculos solo los tenemos en la mente», expresó Cecilia.
Niña Chela dijo que le está enseñando esta técnica artesanal a Betty para que siga el legado del bordado cuando ella falte.






