Desde que entra a un determinado lugar, irradia una vibra diferente, una energía positiva, una luz que deja en claro una verdad sobre ella: le gusta ser como es y no tiene tiempo para dejarse vencer por los prejuicios o los señalamientos. Ella es Madeline Guardado, quien, con su talentosa voz, su pasión por el baile y la música y su carisma y brillo personal llena de buenas vibras una cabina de radio o un escenario musical.
Sin embargo, a sus 23 años, Madeline asegura que ha tenido que trabajar mucho en sus emociones y en fortalecerse como persona en una sociedad demasiado plástica o demasiado centrada en el aspecto físico. Durante muchos años, Madeline tuvo una notable participación en televisión, lo que la llevó a posicionarse como una figura pública, algo que ha complementado con sus redes sociales.
Pero, eso mismo la obligó a fortalecerse ante las críticas que surgían hacia algunos aspectos de su físico. Además, señala que la experiencia de iniciar como una cantante religiosa, para luego pasar a tener presentaciones en lugares muy diferentes al ámbito religioso también han contribuido a volverá una mujer fuerte y firme en sus ideales, que ha aprendido a amarse tal y como es y a entender que su vínculo con Dios puede ir más allá de lo que la gente piensa de ella.
Eso mismo, asegura, es lo que busca enseñar a los demás: a amarse a sí mismos para poder amar a los demás y a entender que esta vida está hecha para disfrutarse al máximo, para aprovechar oportunidades y para seguir creciendo y aprendiendo nuevas cosas. Por ahora, Madeline asegura que no piensa en volver a la televisión y que disfruta al máximo sus turnos en radio y, sobre todo, sus presentaciones musicales, aunque tampoco se cierra a posibles oportunidades.

Conocemos una Madeline Guardado súper activa y dinámica gracias a tus redes sociales. Pero, realmente, ¿quién es Madeline Guardado?
Soy una persona llena de muchas emociones, de muchos sentimientos. Soy bien social, soy una mujer valiente, muy emprendedora. Soy muy sentimental, lloro súper rápido y me puedo reír muy rápido también. Soy un todo de muchas cosas, pero me gusta ser bien real, honesta. Soy Madeline Guardado, alías «La Mandarina».
Sos también una mujer de muchas facetas y una de ellas es la musical. ¿Cómo nació tu interés por la música?
Viene de familia. Vengo de familia de cinco hermanos, todos músicos. Viene de la generación de mis abuelos de parte de mamá. Todos mis primos tocamos instrumentos o cantamos. Eso se trae en la sangre. Inicié tipo 7 u 8 años en la iglesia, donde canté toda mi niñez y mi adolescencia. Empecé cantando en el coro de la iglesia. Estuve en Instituto Canzion, donde aprendí canto. También recibí clases de piano en la iglesia donde asistía.
Nací en una Iglesia Cristiana Evangélica y fue muy especial para mí. Le debo todo a Dios. Mi talento y todo lo que tengo se lo debo a Él. Inicié súper pequeña en la música, en algo que se llamaba “Compasión”. Era una entidad que traía patrocinadores para ayudar a niños de escasos recursos a quienes agrupaban en iglesias. Se llamaban Centro de Desarrollo Infantil (CDI). Ahí, personas de Europa y Estados Unidos daban donaciones y esas donaciones se transformaban en clases motivacionales, clases de Biblia o de música. Era para niños de cinco años hasta la adolescencia. Yo empecé ahí. En las mañanas iba en la escuela y en las tardes al CDI. Ahí me di cuenta que traía algo para la música y fue como nació esa parte.
Luego tuve beca para ir a Instituto Canzion. Ahí aprendí a cantar y ahí inicié cantando. Ya luego, con mis amigos músicos, formamos una banda y así fue como en 2015 empezamos a tocar covers de Bruno Mars de Justin Timberlake y canciones de rock en español. Empezamos a tocar en El Tunco y en varios lugares. Me encanta mi faceta musical porque es el espacio en el que yo me siento quien soy. La gente que me ha visto cantar dice: «¿Y esta loca?», porque entro en mi burbuja. Me encanta la música y canto lo que a mí me gusta en mis presentaciones.

Pero imagino que esa transición de cantar primero en una iglesia y luego fuera de ella debió ser complicada. ¿Cómo lo manejaste?
Fue una transición dolorosa, pero te abre los ojos. Todo empezó cuando fui Reina de San Salvador, en 2016. Venía de cantar en un coro cristiano de una de las iglesias más antiguas en El Salvador y, literalmente, un 5 de julio de 2016 aparezco en el periódico coronada como la Reina de las Fiestas Patronales de San Salvador. Tuve muchas críticas de parte de la iglesia y yo solo iba con la idea de contactar con la alcaldía y hacer cosas chivas para la Iglesia, pero eso se derrumbó.
Me recuerdo que tres días después de ser coronada llegué al área de festejos de la alcaldía con mi corona a devolverla porque no podía, así de intensa fue la presión. Llegué llorando y quise devolver la corona, pero la encargada de festejos me dijo que la tomara, que era mía y que me la había ganado por mi desempeño. «Yo soy cristiana también y si Dios te está dando una oportunidad así es para algo», me dijo y me fui con eso en mi corazón.
A raíz de eso deje de ir a la iglesia un par de años. Sé que muchas personas se identifican conmigo en esto. En algún momento, por algo que pasa, dejamos de ir a la iglesia. Eso nos ha pasado al 99 % de cristianos. Culpas a Dios de que los cristianos sean malos. Pero deje eso atrás. Me estoy congregando en una iglesia. Sé que no soy la mujer más cristiana del mundo, sé que todos ven mis historias bailando, pero me identifico como una persona que disfruta la vida, pero para dar un rayo de luz a otros en algún momento.
Creo en Jesús, pero estamos en un mundo en el que todos somos iguales y Dios nos ama a todos por igual. Toda esa experiencia me hizo ser la Madeline que ahora soy. Creo en un Dios de amor y al final todos entregaremos cuentas de todo lo que hicimos. Nadie tiene la potestad de juzgar a otros.
Esa parte de ser juzgada o estar en la mirada de muchos es algo que se vive también en los medios de comunicación, sobre todo, en televisión. ¿Cómo fue esa experiencia para vos?
Yo dejé de lidiar con el “hate” hace varios años. Al inicio, como todas las que hemos estado en televisión, lloraba. Hacer TV hace 20 años no es como hacerlo ahora. Antes vos podías hacer TV y no te enterabas de todo lo que decían de vos. Ahora, vos lo haces y podés leer infinidad de mensajes que te sacan todos tus defectos. Fue duro para mí y sé que para todos los que pasamos por ese medio. Te juzgan por tus dientes, tus uñas, tu falta, por como hablas, por muchas cosas. Al inicio lloraba. Veía 20 comentarios lindos, pero veía uno malo y ese me rompía. Hoy en día tengo mucha gente que está conmigo y están pendientes de mí. He sentido el apoyo de la gente. El hecho de ser real, de ser lo que sos en redes sociales y serlo también en persona es chivo, creas una conexión con la gente.
Si alguien te critica es porque no logró lo que vos sí lograste. La gente a veces olvida que, te caiga bien o mal, la presentadora de televisión es humana como vos, tiene sentimientos como vos y tiene problemas como vos. Si vos sos de las personas que comenta cosas negativas, deberías preguntarte cómo te sentirías si ese comentario sería para vos mismo.

¿Tuviste que enfrentarte a muchas críticas mientras estuviste en televisión?
En televisión, el físico es algo que siempre está siendo evaluado, juzgado. A veces me decían que tengo una mirada muy fuerte. Sé y acepto que tengo un temperamento fuerte. En mi familia somos enojados. Pero si sos buenas vibras conmigo te vas a encontrar lo mismo. Trato de ser lo que soy. Me gusta transmitir a través de mis redes sociales cosas positivas porque soy una persona que conozco de Dios y puedo llevarles alegría y un momento de felicidad dentro del caos que vivimos. Pero, si ya me salis medio bravo con una cuestión ahí si te digo: «Prepárate que ahora si me vas a conocer». Soy una persona bien directa, pero trato de evitar enojarme y de no faltarle el respeto a los demás.
Con todas esas experiencias, ¿te ves regresando a la televisión o, en todo caso, en donde te ves en el futuro?
No soy una persona de tener un destino fijo. Por ejemplo, si ya estuve en noticias, ahora quiero estar en uno juvenil o en una revista o en uno deportivo. Así soy en radio también, donde siempre me gusta cambiar el estilo. Yo no tengo nada en un libro anotado. Si me sale una oportunidad que me va a funcionar y que me hará crecer, la tomo. Valoro mucho quien yo soy. La gente me pregunta que cuando me verán en tele otra vez. Pero hoy estoy haciendo lo que realmente amo. Quiero seguir haciendo música. Creo que puedo seguir creciendo. Valoro sentirme cómoda, que no me digan que tengo que bajar 50 libras para estar en un lugar, yo amo comer, amo las pupusas… ¡invítenme! Jajaja quiero seguir desarrollándome en marketing y publicidad, desarrollarme profesionalmente. Pero, si mañana me sale una oportunidad en otro país, capaz me voy. Creo que uno debe encontrar su pasión en la vida y hacerlo con amor.
¿Te identificas como una persona que rompe paradigmas en cuanto a los estereotipos en medios de comunicación?
Para mí es bien sencillo: si yo me siento bien gordita, pues lo voy a disfrutar y si voy a rebajar, lo voy a hacer porque yo lo quiero. Yo he vivido mucha presión por cómo puedo verme, pero a mí Dios me creo como yo soy. Yo no tengo nada en el cuerpo, pero respeto quien lo quiera hacer. Soy una persona que vive tranquilamente. Hoy justamente estaba viendo una foto donde tenía 30 libras menos y me ponían traje de baño y no había preocupación. Ahora me pongo un traje de baño más grande, pero soy feliz. De seguro cuando sea mamá me van a salir estrías y celulitis, pero debo amarme tal y como soy, porque si no, no puedo hablar de amor.
Hay cosas más importantes del físico y es lo que tenés en la mente. Con lo que vos tengas en tu cerebro ahí nadie va a competir. Ahorita no estoy en medios de comunicación porque me gusta pensar, me gusta decir lo que yo quiero. Hay cosas más importantes del físico.
Entonces, ¿cómo querés que la gente te recuerden?
Quiero que me recuerden como alguien que le enseño a otros a vivir al máximo. Quiero que la gente me recuerde por como soy, que extrañe mis turnos, que digan: «Puya, La Mandarina me ponía a bailar en el trabajo» o que, si yo no estoy, alguien diga: «Puya, hace falta la Madeline para hacer relajo». Así quiero que me recuerden.









