Sigo atendiendo con determinación las indicaciones que escucho del caset grabado y me dirijo a las celdas de confinamiento. La voz invita a cerrar la pesada y gruesa puerta de hierro, y lo hago. Apenas hay luz. Luego, dice que me siente en el suelo, con la espalda apoyada a una de las paredes, y también lo hago.
Claramente la voz dice: «Sienta el frío de las paredes y el piso […] Saque una moneda y láncela hacia arriba, oiga el sonido al caer».
No sé cuánto tiempo pasó, quizá menos de un minuto, pero sí pude experimentar el confinamiento. Lo sentí cuando llegó el silencio total al detenerse los ruidos de la moneda por el suelo, cuando rocé las manos por el piso y las paredes y se me pusieron muy frías, aunque lo peor fue cuando percibí que la oscuridad había aumentado obligándome a pensar que al estar largo tiempo encerrado, definitivamente, ya no sabría si era de día o de noche.
Supe que los reclusos podían estar varias semanas en aislamiento y no sé cómo pudieron sobrevivir este castigo o cómo debieron reaccionar sus ojos y el resto de su cuerpo frente a los rayos de sol cuando les permitían salir al patio, sobre todo después de estar tanto tiempo en un espacio muy frío.
En el sitio web Historia de Alcatraz (alcatrazhistory.com) se indica que en los bloques B y C (del edificio carcelario) había un total de 336 celdas, que medían 1.52 m por 2.74 m., contaban con un pequeño lavabo con agua corriente fría, un catre para dormir y un inodoro.
«En el Bloque D, los reclusos permanecían confinados las 24 horas del día, con la excepción de una visita semanal al patio de recreo, y estas visitas eran a solas. En el Bloque D había 36 celdas de aislamiento y 6 eran conocidas como cámaras de confinamiento por muchos reclusos […] Las celdas del Bloque A solo se usaban en contadas ocasiones para breves periodos de confinamiento, cuando un recluso no requería aislamiento completo, sino que necesitaba estar completamente aislado de los demás. Los registros indican que Clarence Carnes, Sam Shockley y Miran Thompson estuvieron encarcelados en el Bloque A (separados por celdas de diferentes longitudes) tras los disturbios de 1946 y mientras eran juzgados por la muerte de dos guardias de Alcatraz en el intento de fuga de ese año», añade el sitio web.
Al salir de mi confinamiento momentáneo, ponerme de pie y empujar la gruesa puerta, seguí el recorrido por la prisión y llegué directamente al área del comedor.
Para algunos, esta era una zona temible debido a que en ella se protagonizaban peleas, se ajusticiaba a rivales o se ejecutaba a algunos internos como parte de un trato de sicariato, para lo cual se usaban armas hechizas.
La mayoría de muertes generalmente se relacionaban con los intentos de fuga y el más sonado ocurrió en 1946 cuando murieron dos guardias y tres reclusos. Este violento escape es conocido como la Batalla de Alcatraz.
Según datos del FBI, desde 1934 hasta el cierre de la prisión en 1963, 36 hombres intentaron 14 fugas distintas. Casi todos fueron capturados o no sobrevivieron al intento.
Por su parte, el sitio web Historia de Alcatraz confirma que ocho personas fueron asesinadas por reclusos en Alcatraz, cinco se suicidaron y 15 murieron por enfermedades naturales.
El comedor y la rutina
Un detalle que llamó mucho mi atención en el comedor fue que en una de las paredes estaban pintadas las siluetas de algunos utensilios de cocina, sobre todo de cuchillos y otras piezas filosas.
La idea era que con solo una mirada los guardias supieran cuál estaba en uso o cuál faltaba luego de las revisiones de rutina, aunque los reclusos siempre se las ingeniaron para cometer alguna fechoría con armas hechizas.
Leyendo en internet sobre la rutina-control que existía cada día en la prisión, me entero que toda la actividad comenzaba a las 6:30 a. m. con el silbato matutino. Los reos se levantaban, arreglaban la cama, colocaban en un estante todos los objetos según el orden prescrito, limpiaban los barrotes de la celda, barrían el piso, se aseaban, vestían.
A las 7 a. m. en punto se dirigían al comedor, tenían 20 minutos para desayunar. «Al terminar de comer, los prisioneros colocaban sus cuchillos, tenedores y cucharas en sus bandejas: el cuchillo a la izquierda, el tenedor al centro y la cuchara a la derecha. Luego se sentaban con las manos a los costados. Una vez que todos terminaban de comer, un guardia se acercaba a cada mesa para verificar que todos los cubiertos estuvieran en su lugar».
Después del desayuno, seguían actividades como ir a la lavandería, salir al patio u otros lugares permitidos a fumar, hacer alguna llamada por teléfono.
El almuerzo se servía a las 12:20 m. y la cena a las 4:25 p. m., tras la cual todos retornaban a sus celdas y se preparaban para el conteo de reos, de pie junto a la cama, que comenzaba a las 5 p. m. Tres horas más tarde (8 p. m.) otro conteo y las 9:30 p. m. se apagaban las luces.
Para los guardias la actividad era de 24 horas, ya que a las 12:01 a. m. se hacía el conteo de los reclusos con ayuda de linternas, otro más a las 3 a. m. y el último a las 5 a. m.
¿Cuántos prisioneros tenía alcatraz?
El número más alto registrado fue 302 y el más bajo 222. El número promedio de reclusos durante los 29 años de la prisión fue de 260, aproximadamente.
En promedio, el tiempo de reclusión en Alcatraz era de ocho años, ya que los hombres nunca eran sentenciados directamente a esa prisión.
A los internos se les permitía una visita al mes, la cual debía ser aprobada directamente por el director. No se permitía el contacto físico y las normas establecían que los reclusos no podían hablar de actualidad ni de ningún asunto relacionado con la vida en la cárcel. Los reclusos hablaban con los visitantes por intercomunicador y un funcionario de prisiones supervisaba las conversaciones la mayor parte del tiempo.
Viejas fotografías (coloreadas) conservan escenas y espacios de la isla en diferentes momentos como las que se presentan a continuación.



Fuentes: Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (www.nps.gov), sitio web Historia de Alcatraz (alcatrazhistory.com), sitio web del Buró Federal de Investigaciones (fbi.gov).






