Los nacimientos de agua ubicados en el caserío La Presa, en el cantón El Progreso, de San Miguel, han captado el interés de las personas que gustan de descubrir lugares que les permitan convivir con la naturaleza.
En el sector conocido como La Presa se observan vestigios de una presa construida en el siglo pasado, que recoge el agua proveniente de manantiales que alimentan el río de Cantora para unirse al río Grande, de San Miguel.

Por años, los pobladores se han servido de los ojos de agua para guardarla en recipientes y utilizarla en su diario vivir, así como para oficios domésticos, como lavar la ropa, por lo que es normal encontrar piedras pulidas de tanto restregar ropa sobre ella, y ver el agua cristalina teñirse de un color blancuzco debido al jabón.
Ernesto M. dice tener más de 40 años de nadar entre estas aguas. «A esto le dicen cenote, son cinco ojos de agua, y tenemos otros dos en la colonia Marilila, en Montegrande 2. Acá están los nacimientos de agua, uno solo viene y mete la pichinga y ya toma agua, que es muy natural», comentó.
La salvadoreña Guadalupe Ball y su esposo, Karl Ball, este último jamaicano, visitan con regularidad los nacimientos de agua de La Presa para escapar del calor y nadar. «La pasamos muy bien, nunca hemos tenido ningún problema con la gracia de Dios, toda la gente del lugar es bien amable con nosotros. Venimos de dos a tres veces a la semana a refrescarnos», dijo Guadalupe.

Los habitantes de las comunidades cercanas hacen campañas de limpieza al menos una vez al mes para conservar el lugar y evitar que las aguas se contaminen.







