En febrero de este año la vida de Reina Huezo cambió drásticamente, ya que le notificaron que tenía cáncer de mama. Ella se exploraba constantemente los senos para identificar cualquier anomalía, pues sus dos hermanas han tenido esta enfermedad. 

Un día sintió una pequeña bola en el seno derecho, por lo que acudió a una consulta médica para que le hicieran los exámenes pertinentes. Los resultados arrojaron que tenía cáncer triple negativo. 

De acuerdo con la Sociedad Americana contra el Cáncer, este tipo de cáncer es invasivo y tiende a crecer y propagarse más rápido, resultando en menos opciones de tratamiento, así como en un peor pronóstico para la enfermedad. 

«Dicen que es el peor de los cánceres que existen, pero como el tumor estaba bien pequeño, se logró identificar a tiempo. Me sometí al proceso de quimioterapias y espero en Dios que culmine bien, pero sé que actualmente está obrando un milagro en mí porque las quimioterapias son bien complicadas y no he tenido mayores síntomas en este proceso. Creo que detectar a tiempo ayuda a combatir con mayor facilidad», indicó Huezo.

 

Por lo tanto, le extirparon el seno derecho e inició un tratamiento de 16 quimioterapias en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). Actualmente ha recibido cuatro y finalizará en diciembre de este año. Hasta la fecha no hay rastro de células cancerígenas en otros órganos del cuerpo, por lo que en enero de 2025 entraría en etapa de remisión con revisiones cada seis meses. 

«Ha sido un proceso difícil porque debo mantenerme alejada, ya que las quimioterapias bajan las defensas y uno puede adquirir un virus y enfermarse más. Esa transición de pasar de ser una persona activa y luego estar en casa sin hacer mayor cosa es bastante complicada», aseveró. 

Ella tiene 39 años y trabaja en una agencia de publicidad en el área de facturación, pero durante la recuperación de la cirugía y en el tratamiento contra la enfermedad ha estado con incapacidades. Esto ha representado desafíos económicos; además, ha hecho cambios en su estilo de vida, pues ya no puede salir de paseo o congregarse en la iglesia. 

«Son cambios que vienen de la noche a la mañana, uno está bien y de repente llega la enfermedad y tiene que adaptarse a todo lo que viene. Lo que he aprendido de esto es que para enfrentar el cáncer hay que mantenerse optimista. Pensar que las cosas saldrán bien es vital para avanzar», reiteró. 

Además, su hijo de 13 años es una de las principales razones para seguir recibiendo el tratamiento. También cuenta con el apoyo de su mamá y su esposo que la han acompañado en este camino de perseverancia. 

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