Después de tantos gobiernos ineficaces, corruptos y aliados de los delincuentes, los salvadoreños han sabido reconocer una buena administración pública. Todas las encuestas de opinión han demostrado que los ciudadanos apoyan masivamente el Gobierno del presidente Nayib Bukele, de ahí que también es comprensible que esa inmensa mayoría también esté de acuerdo con que busque un segundo período, porque saben que será para continuar lo bueno que se ha hecho.
El éxito del Plan Control Territorial, en combinación con las medidas extraordinarias del régimen de excepción, ha logrado la detención de más de 52,500 pandilleros y colaboradores de las estructuras criminales, lo que ha llevado paz y tranquilidad a los barrios y colonias en todo el país como nunca en la historia nacional. Es un hecho reconocido ampliamente dentro y fuera de las fronteras patrias, expresándose en los múltiples saludos en redes sociales de otras naciones y las muestras de afecto de artistas internacionales que se presentan localmente.
Pero no solo eso. También hay una poderosa dinámica económica en desarrollo con la atracción de turistas a las playas salvadoreñas para disfrutar de Surf City. El Salvador dejó de ser conocido tristemente como una de las naciones más violentas —una vergüenza creada y alimentada por los malos gobiernos de ARENA y del FMLN— y ahora destaca mundialmente por los torneos de surf que se han realizado aquí y por la seguridad.
El futuro, entonces, en un segundo período del presidente Bukele es sinónimo de bienestar, seguridad y prosperidad, porque se trata de continuar las buenas prácticas que se han llevado a cabo hasta el día de hoy y que siguen en marcha.
Los salvadoreños tienen los pies en la tierra. Quieren dejar atrás el pasado decadente y obsoleto de partidos corruptos que no trajeron ningún bien al país y que ocuparon su paso por el poder para enriquecerse y hacer negocios. Su tiempo ya pasó y nadie quiere volver al viejo régimen de componendas y maletines negros que compraban «gobernabilidad».
Lo bueno debe continuar y seguir creciendo. Las obras están llegando a lugares donde nunca se prestó atención y los ciudadanos saben reconocer que ahora sí existe un gobierno cercano a la gente y al servicio de los ciudadanos. Falta mucho por hacer, pero los salvadoreños ya conocen que el camino que eligieron ha sido el correcto. Y no dudan en continuar por él en los próximos años.







