Una vez más, la marcha que fue convocada por la oposición, esta vez en el marco del Día Internacional del Trabajo, contó con poca afluencia. Dirigentes del FMLN y organizaciones que están en contra de la gestión del presidente Nayib Bukele encabezaban la actividad.
La marcha comenzó desde el parque Cuscatlán y recorrió la 25.ª avenida norte y la alameda Juan Pablo II, hasta finalizar con una concentración en la plaza Gerardo Barrios, en San Salvador.
Durante el recorrido y en la concentración hubo actos de vandalismo, como manchas en propiedad privada y en los edificios del centro histórico, quema de pólvora prohibida que puso en riesgo a los asistentes, así como mensajes de odio en contra del presidente Bukele.
Entre las prácticas comunes, nuevamente llevaron a personas adultas mayores y niños, utilizando a estos grupos para hacer mayor presencia. En algunos trayectos, los organizadores hacían que los participantes se desplazaran de forma espaciada para aparentar que la convocatoria había tenido una masiva afluencia.
Entre los reducidos grupos estaban familiares de detenidos que aprovechaban para manifestarse en contra del régimen de excepción, pidiendo su liberación.
A la vez, portaban mensajes en alusión a que El Salvador «es la cárcel más grande de Latinoamérica», esto pese a que abril se convirtió en el más seguro en toda la historia de El Salvador.
Óscar Ortiz, secretario general del FMLN; el exembajador de El Salvador en Estados Unidos en el Gobierno de izquierda, Rubén Zamora, y otros dirigentes de este instituto político, así como Claudia Ortiz, diputada de VAMOS, y el opositor Rónal Umaña, fueron parte de los personajes que acompañaron la marcha opositora.
En contradicción con algunos señalamientos, la marcha se desarrolló con toda libertad por parte de las organizaciones y partidos políticos. Las autoridades únicamente se aseguraron de que los participantes no portaran armas y otros ilícitos, una muestra de que en el país no se restringe ni coarta la libertad de expresión ni de la prensa







