Cuando Nayib Bukele fue electo alcalde de San Salvador, comenzó el proceso de transformación del Centro Histórico de la capital. La profunda intervención que se inició fue objeto de críticas y bloqueos del concejo, incluso de aquellos que supuestamente estaban de su lado, pero que, con sus acciones, demostraron que eran parte del sector más oscuro y retrógrado de la política salvadoreña.
Desde ese momento, ARENA y el FMLN se mostraron como lo que eran: aliados en contra de la liberación de la sociedad y enemigos de los cambios, sobre todo de aquellos que implicaban combatir la criminalidad y las pandillas, con quienes la vieja clase política estaba asociada perversamente.
No obstante, este proceso de transformación ya no dio marcha atrás. Al contrario, con la conquista de la presidencia de la república, Bukele facilitó un nuevo impulso al involucrar ministerios y autónomas, además de incluir el Centro Histórico en la estrategia de promoción cultural, convirtiendo su recuperación y remozamiento en parte esencial de la promoción turística. De hecho, ahora su atractivo rivaliza con las playas, mundialmente famosas por la calidad de sus olas para practicar surf, razón por la que son escenario de múltiples competencias internacionales, como la que se desarrolló esta semana en El Sunzal.
Para recuperar la gloria arquitectónica y riqueza cultural del Centro Histórico no solo se requería la intervención del Estado y la inversión de empresarios privados en la recuperación de la infraestructura, antes era necesario pacificar y limpiar de delincuentes las calles de la capital y del resto del país.
Para que El Salvador, en general, y San Salvador, en particular, se convirtieran en atractivos turísticos fue necesario el éxito de las políticas de seguridad del Gobierno del presidente Bukele. Gracias al Plan Control Territorial, combinado con el régimen de excepción, más de 82,000 integrantes y colaboradores de las maras han sido detenidos, procesados y enviados a prisión. Han sido sacados de las calles y, gracias a esto, las comunidades recuperaron sus vidas.
Solo con los pandilleros presos, el Centro Histórico tuvo la oportunidad de desarrollarse en la magnífica forma que ahora lo vemos. El proceso continuará para mejor. Los únicos que lo critican son aquellos que perdieron su poder e influencia. Solo los pandilleros y sus amigos lamentan que San Salvador se haya transformado, y no se cansarán de retorcer la verdad y de tratar de convencer que antes, cuando las pandillas dominaban las calles, estábamos mejor, pero ya nadie les cree.







