Costa Rica y Panamá coordinarán el traslado en autobuses de migrantes que retornan hacia el sur tras fracasar en su intento de ingresar a Estados Unidos, con el fin de controlar un flujo migratorio inverso en ascenso.
El plan consiste en otorgar un salvoconducto a los migrantes y transportarlos en autobuses desde la localidad costarricense de Peñas Blancas, en la frontera con Nicaragua, hasta un albergue próximo al límite con Panamá.
Desde allí serán trasladados al refugio de migrantes del Gobierno panameño en Lajas Blancas, en la selva del Darién, limítrofe con Colombia, para un recorrido total de más de 1.400 kilómetros por carretera entre ambos países. Desde Panamá deberían seguir viaje por mar hacia Colombia.
Con esta medida, los migrantes, que son sometidos a controles biométricos de seguridad, «no cruzarán Costa Rica de forma clandestina e insegura», señaló desde Peñas Blancas el ministro costarricense de Seguridad, Mario Zamora.
«Es una noticia muy buena para los migrantes y para quienes velan por los derechos humanos de estas personas porque este flujo ordenado las aleja de las mafias migratorias», que cobran hasta $300 por pasar ilegalmente la frontera, expresó Zamora a la prensa junto a su homólogo panameño, Frank Ábrego.







