La imaginería religiosa en madera es un arte antiguo que se basa en la creación de figuras esculpidas en maderas nobles y resistentes, para fomentar la devoción, recrear pasajes bíblicos o celebrar fechas importantes marcadas por la fe, las tradiciones (viejas o nuevas), el sincretismo, entre otros.
El municipio de Apastepeque, en el departamento de San Vicente, sigue siendo cuna de ingeniosos artesanos que destinan toda su vida a esta tarea.
Hace algunas décadas, el maestro del lugar era Erasmo Rosales, quien en su taller o en otros del país se ocupaba de grandes trabajos, donde se incluye la preparación de las andas que recorren el Centro Histórico de San Salvador para las procesiones de Semana Santa.
A unos metros de ese taller creció José Sabas Gómez Pacas, quien admite que tenía cinco años cuando conoció a don Erasmo y su trabajo. «Era mi vecino y ahí crecí, a la par», dijo.
Al cumplir los 23, José Sabas le pidió al maestro dejarlo aprender el oficio y desde entonces ya transcurrieron 34 años.
«El taller no tenía nombre, solo era conocido como el taller del maestro Erasmo Rosales, en el barrio El Calvario, pasaje Santa Rita […] Me quedé como seis años y medio aprendiendo, ya había responsabilidad de mi parte, ya había compromiso de familia. Me sometí a un aprendizaje bastante estricto […] El maestro nunca me dijo: “Mirá, ponete a hacer esto, sino que yo, al principio, solo viendo. Lo que me puse a hacer fueron trabajos de reparación, pero a tallar nunca me puso», compartió.
Al desarrollar su habilidad, una señora «muy conocida, doña Vilma Marín» le pidió que tallara a la virgen de Santa Lucía. El joven aceptó el trabajo y lo hizo escondidas del maestro. No obstante, se lo mostró al terminarlo.
«A raíz de que ella creía que yo trabajaba bien, me dijo que quería una virgencita de Santa Lucía. Empecé a trabajarla de manera empírica, pero nunca le dije al maestro que la estaba trabajando. Hasta que ya la había terminado, que la había pintado, se la llevé y ese día me dijo: “Está bonita”. Le dije que no quería que dijera si estaba bonita o no, sino que si estaba bien o no. Ese día fue que me explicó, por primera y última vez, el uso del compás: “¿Que no te has fijado cómo se saca la altura de las orejas? Se saca así”, y me enseñó a proporcionar la nariz, la barbilla, los ojos, las orejas», dijo.
Con el tiempo aprendió que el cuerpo de cada imagen se trabaja con base en un canon de ocho cabezas, es decir si la longitud total es de 1.50 m esto se divide en ocho partes (18.7 cm cada fragmento). «Si me dicen: “Queremos una imagen de 1.60”, ya se sabe que la cabeza es de 20 centímetros. La cara la divido en tres partes y media, midiendo desde la barbilla, es decir la media parte es la que llega a la coronilla, como se le dice […] Uno se acostumbra a trabajar así y si piden otro tipo de escultura cuesta», admitió.
Los Cristos tienen características especiales, por ejemplo: de pies a cabeza es la misma longitud que hay desde los dedos de la mano derecha hasta los de la izquierda, considerando que los dos brazos van extendidos sobre la cruz.






Fue carrocero y ahora tiene su taller
Debido a que su maestro fue carrocero (decoraba las andas de la Semana Santa para la capital) y él aprendió esas tareas junto a él, también se convirtió en uno. Es más, asumió las responsabilidades de don Erasmo.
«Después del maestro, me metí a hacer carrozas. Me puse a tallar con hierro-papel o papel maché, que le llaman. Hice figuras humanas y de animales. Inicié trabajando los cuatro caballos del Apocalipsis, luego se hizo una carroza con los cuatro evangelistas, donde el maestro tallaba las cabezas y yo tallaba los cuerpos, y así nos fuimos metiendo. Cuando me independicé del maestro comencé haciendo figuras de ángeles y trabajé bastante las imágenes de Semana Santa porque había dos sacerdotes que pedían».
En esta etapa debió viajar un tiempo hasta Zacatecoluca (La Paz), ya que ahí operaba el taller responsable del carro donde se traslada El Salvador del Mundo, para los festejos capitalinos de agosto.
«Comenzamos haciendo piezas para el recorrido de la basílica hacia la catedral. Hacía decoraciones de todas las figuras, hubo una que llevó los cuatro evangelistas, otra llevó cuatro ángeles grandes y también ángeles pequeños. El carrocero se llamaba Orsi Barraza, antes era su papá, don Carlos. Trabajé con Orsi como cinco o seis años», añadió.
Todos estos trabajos se engloban en arte efímero, es decir se elaboraron para actividades de corta duración.
Entre 2012 y 2013 decidió abrir su taller, al cual primero llamó Taller Cosecha porque tenía aprendices de escultura. Luego lo cambió a Musa: Galería-Museo, en alusión a las nuevas funciones del sitio. Desde acá su trabajo se orienta a piezas más elaboradas, para iglesias, para devotos que las conservan en sus casas, para cofradías o para coleccionistas.







