El exceso de tareas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es en vano pues, según ha aceptado el propio secretario general, Antonio Guterres, los informes que la entidad elabora casi no son leídos por el público.
Durante 2023, los miembros de la ONU se reunieron 27,000 veces y elaboraron un total de 1,100 informes. Esto es un 20 % más que la actividad de 1990. Un exceso que, según Guterres, tiene a la organización mundial al límite. Hay una crisis de liquidez que comenzó hace unos siete años.
193 países no pagan sus cuotas a tiempo o a su totalidad.
En paralelo, hoy existen más de 40,000 solicitudes o directrices de acción activas emitidas por la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y el Consejo Económico y Social (mandatos). Estos mandatos son atendidos por 400 organismos intergubernamentales, lo que requiere más de 27,000 reuniones al año y genera 2,300 páginas de documentos cada día, con un costo anual de $360 millones.
«Las reuniones y los informes son esenciales. Pero debemos preguntarnos: ¿Estamos utilizando nuestros limitados recursos de la manera más eficaz?», planteó el secretario general.
«Los mandatos guían la labor de la ONU en más de 190 países y territorios, desde el mantenimiento de la paz hasta la respuesta humanitaria y el desarrollo. Sin embargo, muchos de ellos están obsoletos o se solapan, y su complejidad va en aumento. Desde 2020, el promedio de palabras de las resoluciones de la Asamblea General ha aumentado un 55 %, mientras que las resoluciones del Consejo de Seguridad son ahora tres veces más extensas que hace 30 años», señala la entidad.
«No podemos esperar un impacto mucho mayor sin los medios para lograrlo. Al dispersar tanto nuestras capacidades, corremos el riesgo de centrarnos más en el proceso que en los resultados», acotó al respecto Guterres.
Aunado a esta problemática, son varias las instituciones internas que publican los mismos mandatos. Más del 85 % de estos no contienen disposiciones para su revisión o terminación.
La labor se convierte en algo mecánico que no es revisado ni pensado, ya que los mismos mandatos se debaten cada año. A algunos se les hace tan solo cambios marginales en textos ya redactados.
Para intentar mejorar la situación, Guterres planteó el 3 de julio el Informe de la Revisión de la Implementación de Mandatos. Esta iniciativa fue llamada ONU 80 y está formulada para modernizar la institución al no evaluar mandatos de forma individual sino bajo un ciclo de vida. Así se analizaría cómo estos se crean, implementan y revisan.
ONU80 tiene tres líneas de trabajo: mejorar la eficiencia y la eficacia internas reduciendo la burocracia, revisar la implementación del mandato -examinando miles de documentos-, y explorar si se necesitan cambios estructurales y la reestructuración de los programas en todo el Sistema de la ONU.
«Los mandatos son responsabilidad de los Estados Miembros. Son la expresión de su voluntad. Y son propiedad y responsabilidad exclusiva de los Estados miembros. La tarea vital de crearlos, revisarlos o retirarlos recae en ustedes, y solo en ustedes. Nuestra función es implementarlos de manera plena, fiel y eficiente. Este informe respeta esa división. Analiza cómo ejecutamos los mandatos que nos confían», aclaró Guterres.







