Las inversiones ejecutadas por la República Popular China en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta incluyen la construcción de carreteras, puertos, oleoductos, líneas ferroviarias y plantas de producción de energía eléctrica.
Gracias a mejores vías de acceso, productos provenientes de países en el sudeste asiático pueden estar en las mesas de los consumidores chinos en menos de dos días. Y, en sentido inverso, los productos tecnológicos chinos, fertilizantes y producción agrícola llegan a otros países.

Eso sucede con empresas como Tian’an Chemical, que recibe desde Myanmar las materias primas necesarias para producir abono de muy alta calidad, que se enmarca, además, en las políticas estatales de garantizar la soberanía alimentaria con productos amigables con el medio ambiente.

Yili Group, por otra parte, le ha sacado partido a la globalización impulsada por China, así como de la infraestructura de transporte construida como parte de los programas de cooperación con otros países.
El Gobierno de Xi Jinping considera este modelo de cooperación como la vía para fomentar el multilateralismo y el globalismo. O, como dicen aquí: «cuando la gente está unida, incluso una montaña puede ser movida».







