El Gobierno, a través del Viceministerio de Transporte y la Asamblea Legislativa, ha realizado los esfuerzos necesarios para evitar las muertes en la carretera. Las reformas aprobadas han aumentado las multas y se han establecido mecanismos para erradicar la práctica de consumir alcohol y conducir.
Las multas van encaminadas a la cero tolerancia al consumo de alcohol y la conducción de vehículos automotores. Hay decomiso de la licencia de conducir y la cancelación del permiso para los reincidentes.
Cada semana vemos cómo las autoridades siguen deteniendo a conductores que manejan sus vehículos en estado de ebriedad. A pesar de las multas, mucha gente sigue manejando sus carros, camiones, buses, microbuses y hasta motocicletas en estado de ebriedad.
Y más allá de las consecuencias administrativas o financieras que representa perder la licencia de conducir o pagar una multa, lo más grave es que un acto de irresponsabilidad atenta contra la propia vida o la de terceros.
Este fin de semana, el sábado en la madrugada, vimos cómo un borracho chocó contra un camión estacionado en la autopista hacia el Aeropuerto Internacional San Óscar Romero y mató a su acompañante.
Las autoridades detectaron 191 grados de alcohol en la sangre del conductor. En el accidente, su acompañante murió instantáneamente, con el cuerpo mutilado de una manera grotesca. El motorista será procesado por homicidio culposo.
Quitarle la vida a otra persona bajo los efectos del alcohol es lo más grave que sucede cuando alguien, de manera irresponsable, decide ponerse detrás de un volante.
No se trata, como dijo el presidente Nayib Bukele cuando se anunciaron las reformas, de que nadie tome ni una cerveza, sino que debe hacerlo con responsabilidad. La premisa es «si va a tomar, no maneje» y si ya tomó, otra persona, que no haya tomado debe manejar.
En la misma autopista hacia Comalapa fue detenido otro hombre después de haber chocado. Le detectaron 218 grados de alcohol. Un tercer conductor temerario chocó su pick up, en el que transportaba a ocho personas (la mayoría de ellas, menores de edad), contra un remolque estacionado en la carretera del Litoral, en Usulután. Este conductor llevaba 220 grados de alcohol en la sangre.
Los salvadoreños que tienen vehículo tienen que entender que si bien este es de su propiedad eso no les da derecho a conducirlo bajo el efecto de alcohol o drogas. En ese punto, el derecho a la vida y a la seguridad de todos los demás es más importante que su derecho a conducir.







