El ministro de Gobernación de Guatemala, Marco Antonio Villeda, aseguró que para reducir los índices de criminalidad en las calles de su país es importante recuperar el control total de las cárceles, que es de donde salen las órdenes de los cabecillas delincuenciales para asesinar y extorsionar a la población.
Durante una entrevista brindada a «Diario de Centro América», el funcionario considera clave fortalecer el accionar operativo de la Policía, así como golpear las finanzas de los grupos de crimen organizado y recuperar los territorios donde delinquen para reducir el número de homicidios.
Con relación a los asesinatos, Villeda explicó que durante la pandemia la tasa de homicidios que tuvieron en Guatemala por cada 100,000 habitantes fue de 14, una de las más bajas. Sin embargo, después promediaron una tasa de 16 homicidios por cada 100,000 habitantes.
A inicios de este año, el vecino país tuvo un repunte de crímenes contra la vida, con lo que su promedio hasta septiembre fue de 17.5; actualmente, es de 16.5 con lo que esperan cerrar este 2025.
«Este aumento de la violencia estuvo ligado, en muchos casos, a la disputa entre pandillas por el control del narcomenudeo. Hemos intensificado operativos, allanamientos y capturas, incluso sicarios, para frenar esta dinámica», explicó el ministro al citado medio.
El funcionario hizo énfasis en que «no se puede controlar la violencia en las calles si antes no se controla el sistema penitenciario. Muchas extorsiones y homicidios se ordenan desde las cárceles, donde los líderes criminales siguen operando», dijo.
El sistema penitenciario guatemalteco está conformado por 23 cárceles con una capacidad para 6,700 privados de libertad. Actualmente, hay confinados 23,700 reos, lo que representa una sobrepoblación que supera su capacidad hasta un 340 %.
LA EXPERIENCIA SALVADOREÑA
Por años, el sistema carcelario salvadoreño tuvo la misma problemática, pues las diferentes prisiones eran campos operativos de las pandillas desde donde se giraban las órdenes para cometer todo tipo de hechos criminales contra la población.
El control de las maras en las cárceles se agudizó cuando en gobiernos del partido FMLN fue avalada la «tregua» entre pandillas, con la cual se otorgaron privilegios a los criminales recluidos que iban desde permitir fiestas con bailarinas, ingresos de televisores, consolas de videojuegos, instalaciones de teléfonos con llamadas ilimitadas, traslado de cabecillas a prisiones de menor seguridad, entre otros. Bajo la visión de trabajo del presidente, Nayib Bukele, el sistema penitenciario de El Salvador puso fin a todos los privilegios que tenían los mareros.
Con la construcción del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), el sistema dio un cambio histórico y ahora es ejemplo mundial de orden y control que, por consiguiente, fue clave en la reducción de homicidios, extorsiones, y la recuperación de los territorios.







