La visión estratégica del Gobierno del presidente Nayib Bukele continúa dejando ganancias al Estado. El pasado septiembre en un movimiento anticipado a la coyuntura global que sacude los precios del metal precioso, el Banco Central de Reserva (BCR) sumó 13,999 onzas de oro a la reserva por un monto de $50 millones.
Con esa compra, que representó la primera adquisición de oro por parte del BCR desde 1990, las reservas estratégicas del país aumentaron a 58,105 onzas troy que al pico máximo de $4,525.77 la onza registrada esta semana alcanzaron los $262.9 millones, una ganancia superior a los $53 millones en cuatro meses.
Cabe señalar que hasta 2004 El Salvador contaba con 639,007 onzas de oro que a este precio superarían los $2,891 millones. Sin embargo, 93.54 % de las reservas fue vendido de forma paulatina por los gobiernos de ARENA y el FMLN.
En términos económicos, el oro es un activo refugio, reserva de valor y materia prima que funciona como protección contra la inflación y la incertidumbre, así como preserva el capital a largo plazo.
En el plano internacional, la subida del oro se atribuye al optimismo por la perspectiva de que la Reserva Federal (Fed) estadounidense continúe recortando las tasas el próximo año y en medio de las tensiones entre Washington y Venezuela.
El metal amarillo, valor refugio por excelencia, escaló hasta los $4,525.77 la onza (31.1 gramos), con un aumento de más del 70 % desde principios de 2025.
Según analistas, estos movimientos se explican en parte por el agravamiento de los riesgos geopolíticos entre Washington y Caracas, después de que el presidente Donald Trump afirmó el pasado lunes que sería «inteligente» que su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, dejara el poder.
Trump anunció el 16 de diciembre un bloqueo a los buques petroleros sancionados que navegan hacia y desde las costas venezolanas y desplegó desde septiembre buques de guerra en el Caribe en una ofensiva contra el narcotráfico que ya causa más de 100 muertos.
Al mismo tiempo, los inversionistas anticipan nuevas bajas de los tipos de interés por parte de la Fed en 2026, tras los últimos datos que reflejan un debilitamiento del mercado laboral estadounidense y una desaceleración de la inflación.
«Los inversores han reequilibrado ampliamente sus carteras, muchos han cerrado sus posiciones y los volúmenes de negocio son bajos», señaló Ipek Ozkardeskaya, analista de Swissquote.







