El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, prometió el lunes «absoluta transparencia» sobre las causas del accidente ferroviario que dejó al menos 39 muertos el domingo en el sur del país, y cuyo balance podría todavía aumentar.
El balance de la tragedia ocurrida en la región de Andalucía aumentó a 39 fallecidos al inicio de la mañana del lunes, según una portavoz del Ministerio del Interior.
«Estamos esperando para que en esta misma mañana (…) se pueda instalar la maquinaria pesada, que son las grúas, que puedan levantar prácticamente el vagón uno, dos y tres del Alvia, que es el tren que se ha llevado la peor parte», explicó el presidente de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, en la televisión regional. «Previsiblemente, cuando se levante podremos encontrar [más] personas fallecidas», agregó.
La catástrofe dejó también más de 120 heridos, de los que 43 seguían hospitalizados al inicio de la tarde del lunes, 12 de ellos en cuidados intensivos, según los servicios de emergencia.

España, conmocionada
El país amaneció el lunes conmocionado, comenzando por la pequeña localidad cordobesa de Adamuz.
«Cuando nos enteramos (…) empezamos a traer agua, mantas, todo lo que pudimos», relató Manuel Muñoz, un operario de una fábrica de aceite de 60 años, que estuvo prestando ayuda hasta que llegaron los primeros heridos. «Nos fuimos ya porque estábamos entorpeciendo la labor de los profesionales», indicó.
Es una catástrofe, describió de su lado José Pérez, un jubilado de 80 años. «Nosotros somos un pueblo agrícola, pacífico, y la verdad, un evento de esto…», lamentaba.
La familia real tiene previsto visitar la zona el martes.
El presidente español, Pedro Sánchez, anunció tres días de luto oficial entre el martes a las 00H00 (23H00 GMT) al viernes a las 00H00 (23H00 GMT), por este «día de dolor para toda España».
A mediodía del lunes también se guardaron minutos de silencio en varios lugares del país, como en la sede del Ministerio de Transportes en Madrid.
En julio de 2013, España ya sufrió una grave tragedia ferroviaria con el descarrilamiento de un tren poco antes de llegar a la ciudad gallega de Santiago de Compostela (noroeste), que dejó 80 muertos.







