La película, la quinta del cineasta mexicano, compitió por el Oso de Oro en la pasada Berlinale y, aunque no estuvo en el palmarés oficial, sí que se llevaron dos recompensas paralelas.
La historia cuenta cómo Olga, una mujer solitaria y a menudo malhumorada, se ve obligada por motivos económicos a arrendar una habitación de su apartamento a un hombre cuya esposa está ingresada en un hospital cercano.
El hombre lleva a escondidas a su hijo de nueve años, hasta que la casera acaba descubriendo el engaño. Y aunque al principio se enfada, poco a poco irá entretejiendo una relación con el niño.
El cine de Eimbcke suele estar poblado de jóvenes, como en su ópera prima «Temporada de patos» (2004) o en «Club Sandwich» (2013), premiada en San Sebastián.
«Había hecho cine de adolescentes, pero siempre me ha gustado también mucho el cine donde hay niños protagonistas», explica el director en una entrevista con la AFP durante el festival Cinelatino, en Toulouse (Francia), donde «Moscas» compite esta semana por el máximo galardón.
«Los niños tienen una manera de manejar el dolor que recurre a la fantasía», dice, citando como ejemplo el mundo imaginado de la niña protagonista en «El laberinto del fauno» de su compatriota Guillermo del Toro.
– Videojuegos –
En «Moscas», Cristian, confrontado junto a su padre a la grave enfermedad de su madre, se sumerge en el mundo de los videojuegos arcade y no para de jugar al Cosmic Defender Pro en el que tiene que eliminar a marcianitos.
«Ese videojuego que es chiquitito y que parece no ser tan importante, de repente puede ser una representación de la lucha» de las células de su madre que combaten contra un cáncer, afirma la cineasta de 55 años.
Aunque el tema es doloroso, Eimbcke lo trata con un toque de comedia, gracias al juego de su actriz principal, Teresa Sánchez («Tótem»), ya la picardía del pequeño Bastian Escobar.
Para encontrar al incipiente actor, Eimbcke lo tuvo claro cuando, durante las pruebas, el director de casting le pidió al niño hacer una cosa, y él hizo otra. «Era perfecto», recuerda.
El blanco y negro también contribuye a darle esa pátina de humor discreto.
«Si hay un gag o algún chiste, el blanco y negro me ayuda mucho. Es como muy neutral», precisa el director. También explica que se dio cuenta más tarde de que la ausencia de color mejoraba «la transición entre el mundo real y el mundo de fantasía del niño».
Muchas escenas de la película, en las que el niño deambula por la calle entre vendedores ambulantes o se cuela en el hospital de su madre mientras su padre trabaja, tienen sin duda un aire de neorrealismo italiano. El propio cineasta cita «de bicicletas» como una de sus inspiraciones.







