Por Katherine Sánchez

Disculpe, señor, mis palabras.

Disculpe, señor, mi presencia.

Pero esta alma inquieta

necesita expresarle sus tristezas.

Sí, señor, yo lo amo,

lo amo de aquí al firmamento.

Lo necesito como el mar a la costa,

como la mañana al sol,

como la noche a las estrellas.

Sí, señor, lo perdono.

Sí, mi señor, lo recuerdo,

como las hojas que caen de los árboles,

como el viento que danza en la tarde.

Disculpe, señor, mi atrevimiento.

Disculpe, señor, mi ofensa.

Pero usted es tempestad y calma,

olvido y recuerdo en un solo momento.

Sí, mi señor, usted es fuego

que consume mi espíritu,

reloj interminable,

historia contada al calor de la fogata,

bosque oscuro, denso por los años.

Disculpe, señor, por no ser

una pintura perfecta.

Aun así, lo amo, mi señor.

Y si no lo recuerda, mire el espejo.

Vuelva atrás en el tiempo.

Yo me muero por mi señor,

flor marchita en su sendero,

que lo extraña en silencio,

aunque usted no se dé cuenta

de este cariño sincero.

_______________

Como Picasso

Por ZióN GreeN / DePoesía

Me haces sentir como Picasso,

en el fresco de una tarde

de colores cálidos en verano,

al yo atardecer.

Antes del ocaso me haces sentir como Picasso, fruto exótico,

arrebato estrambótico

en un abrazo,

verónicas y toros,

dulces pinceladas

debajo de una marinera,

la caricia y estocada.

Inspirado genio

por la maga de la musa,

que le ha concedido tres deseos,

dibuja su trazo, ninguna excusa.

__________

A ti, Sensuntepeque

Por Ana Mercedes Miranda Morán / DePoesía

En mis recuerdos perduras,

Sensuntepeque anhelado,

el del cielo despejado

y cuatrocientas alturas.

Enclavado entre montañas

te abrazan fragantes brisas

que ya lentas o con prisa

refrescan a tus mañanas.

Son tus calles peculiares,

dobladas en sube y baja,

que perlan frentes de alhajas

hechas con agua de mares.

Prehispano junto al Pelón

o Cabañas son testigos

de hazañas

perdidas en los arcanos.

El Moidán aún airoso,

al igual que el Cutuco,

te custodian cual dos brujos

con hechizos amorosos.

Son tus noches estrelladas

con hermosos plenilunios,

y los grillitos de junio

hacen bailar a las hadas.

El cadejo del Espinito, el bueno,

acompaña a los tunantes,

trasnochados caminantes

que reciben el sereno.

Mientras el justo juez,

con su traje de neblina

y una capa diamantina,

juzga y perdona a la vez.

Santa Bárbara doncella

es tu patrona local,

y en carroza o el altar

es milagrosa y bella.

A tu iglesia de El Calvario

llegan señoras morenas

para rezar sus novenas

y ofrecer diez rosarios.

Sensuntepeque añorado,

tienes gente laboriosa

y su amistad tan preciosa

posee temple acerado.

Así, entre afanes, oraciones,

claros soles ancestrales

o misterios nocturnales,

alma eres de canciones.

Con cuatrocientas alturas

y el cielo despejado,

Sensuntepeque anhelado,

en mis recuerdos perduras.

_______________

Brindo

Por Christian Colón / DePoesía

Brindo desde mi dedo meñique hasta lo más hondo de la galaxia,

aclarando el despunte de la belleza que anida la esperanza, pues todo aquel que daña a quien sea, a mí me menoscaba, vociferando la equivalencia de condiciones alegamadas.

Sí, brindo y no con vino ni champaña,

me ahogo en aguas que destilan karma,

retribuyendo entre gota y gota una montaña

de espíritus y orbes atropellando palabras.

Últimas brumas de sangre y resistencia,

atragantando el silencio de toda batalla,

remolinos forasteros anidando en el alma,

el desdeñado puñetero del estoque en mi espalda.

Sí, brindo, y no por el recuerdo de tu irreverente y absurda esperanza.

Lee tambiénPrendas con nostalgia por la cultura salvadoreña