La ciudad precolombina de Chalchuapa, en Santa Ana Oeste, es un destino cargado de historia, cultura y legado. Entre sus rincones más emblemáticos está el cementerio municipal, que resguarda uno de los monumentos más imponentes y antiguos del lugar: el mausoleo de la familia Maestre, una estructura monumental que refleja el esplendor de una época en la que la caficultura definía el progreso de la región.

A unos 200 metros de la entrada principal del camposanto, el mausoleo se alza majestuoso, con detalles arquitectónicos elaborados en granito y mármol de Carrara, materiales traídos desde Italia.

Su diseño elegante y su conservación lo han convertido en una pieza de valor histórico y artístico, admirada tanto por locales como por visitantes.

El historiador Godofredo Pacheco, de 89 años, relató que, según conversaciones sostenidas con descendientes de la familia, la construcción representa una inversión aproximada de $60,000, cifra considerable para la época.

«En 1907, Aurelio Maestre vino a Chalchuapa en compañía de su esposa, y se dedicaron al cultivo del café cuando este comenzaba a tomar auge para convertirse en el grano de oro. Eran personas con mucho carisma. Recuerdo que Aurelio compró el espacio donde hoy está sepultado; eran personas con visión, empresarios que apostaron por invertir en Chalchuapa. Es bonito recordarlo a través de este hermoso mausoleo», expresó Pacheco.

De acuerdo con el historiador, parte de la familia Maestre era originaria de España y se estableció en Chalchuapa con el propósito de dejar un legado que trascendiera generaciones.
«Se convirtieron en los inversionistas más grandes del café en la zona. Apostaron por cultivar más de 200 manzanas en los cantones El Coco y El Arado», explicó.

El mausoleo alberga los restos de cinco miembros de la familia: Felisa C. de Maestre, fallecida el 30 de enero de 1975; Aurelio Maestre C., nacido el 4 de abril de 1905 y fallecido el 25 de febrero de 2002; Felisa Maestre C., quien murió el 11 de mayo de 1996; Luis Maestre C., fallecido el 12 de diciembre de 1974; y otro miembro nacido el 21 de marzo de 1930.

«Este mausoleo es espectacular, tiene tallados de lujo que reflejan el amor y respeto de una familia visionaria. Uno empieza a pensar y también se imagina que Chalchuapa fue una ciudad elegida por ellos para dejar este legado de hermosas infraestructuras», indicó Pacheco.

Cada piedra, cada inscripción y cada detalle de su estructura parecen susurrar la historia de una familia que creyó en esta tierra y decidió eternizar su paso en ella.

Para Pacheco, el monumento no solo resguarda los restos de sus fundadores, sino también la huella imborrable de una época dorada que marcó el pulso del desarrollo local.

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