En el estadio náutico de Vaires-sur-Marne, donde tienen lugar las pruebas de remo y canotaje, no es complicado encontrar las opciones: varias líneas de los carteles cuentan con una letra «V» en blanco, rodeada por un círculo verde: «sándwich de tomate, mozzarella y pesto de rúcula; ensalada de pasta; arroz y verduras y wrap falafel con ensalada» son las opciones sin carne propuestas.

Debajo de ello, se añade el lema «Veggie is tasty» (Lo vegetariano es sabroso). También en los puestos de comida se pueden leer juegos de palabras al respecto como «Veni, Vidi, Veggie» o frases como «Aquí la estrella es lo vegetal».

El escenario es similar, con más o menos propuestas, en otras sedes de la competición desde estadios de fútbol, rugby o voley-playa a los pabellones cubiertos donde tienen lugar disciplinas como el waterpolo o el tenis de mesa.

En la Plaza de la Concordia, donde tienen lugar las pruebas de deporte urbano en pleno centro de la capital, la oferta es incluso 100% vegetariana.

En el fútbol, un poco menos
Todas las empresas implicadas en los servicios de restauración de los recintos olímpicos han tenido que añadir opciones ‘verdes’ a su menú. Uno de los objetivos de los organizadores es limitar la huella de carbono de estos Juegos.

En su «visión para la alimentación» en los Juegos Olímpicos, publicada en julio de 2022, los responsables de París-2024 explican que quieren «acompañar la vegetalización de la alimentación para promover una alimentación más sana para el hombre y el planeta» y «dejar prácticas de restauración más sostenibles como legado».

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Los organizadores han reforzado también la oferta vegetariana en el restorán de los deportistas, donde hubo quejas en los primeros días por el tipo de comida propuesta, además de por la falta de huevos y pollo.

Los puestos de venta de comida para el gran público deben en principio proponer «un mínimo del 60%» de oferta vegetariana. Si hay cinco sándwiches o platos en su menú, tres deben ser sin carne o pescado. El objetivo es menor en el caso de los estadios de fútbol, donde se baja a un mínimo del 40%.

Esta circunstancia no parece suscitar debate en las filas de estos puestos, donde los comentarios parecen girar más en torno a la ausencia de alcohol en la cerveza: «¡Vamos a ver rugby, no ballet clásico!», se enervó un espectador en el Estadio de Francia.