El presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), José Luis Saca, conversó con «Diario El Salvador» sobre el compromiso de la gremial, que agrupa a más 15,000 empresas, con el desarrollo del país y el trabajo articulado con el Gobierno del presidente Nayib Bukele en la búsqueda del milagro económico impulsando las inversiones, la atracción del capital extranjero y el posicionamiento del país a escala mundial.
¿Se están construyendo líneas de comunicación y cómo planea equilibrar un diálogo constructivo con el Ejecutivo?
Desde ANEP creemos que el diálogo siempre es positivo y necesario, especialmente cuando el objetivo común es contribuir al desarrollo económico y a la generación de oportunidades para el país.
Con el Gobierno del presidente Nayib Bukele existe la disposición de mantener y fortalecer espacios de comunicación que permitan intercambiar ideas sobre temas clave para la inversión, el empleo y la competitividad de El Salvador.
Creemos firmemente en el diálogo propositivo, respetuoso y técnico con el Gobierno del presidente Nayib Bukele, que tiene apertura y colaboración en todos los temas que atañen al empresariado.
¿Cuál cree que es el principal mito sobre El Salvador que aún frena a los inversionistas y cómo puede el sector privado ayudar a desmontarlo?
Más que hablar de mitos, creo que hoy el reto es actualizar las percepciones. Durante muchos años, la conversación internacional sobre El Salvador estuvo marcada por noticias vinculadas a inseguridad o limitaciones para hacer negocios, y eso generó una imagen que no coincide con la experiencia actual de quienes ya están invirtiendo en el país.
Cuando uno conversa con empresarios que han decidido apostar por El Salvador, tanto nacionales como extranjeros, el mensaje suele ser distinto: hablan de mayor tranquilidad para operar, de tiempos de respuesta más ágiles, de una ubicación estratégica y de un entorno donde existen oportunidades que antes no eran visibles.
En El Salvador se puede hacer negocios y crecer de una manera eficiente y creo que la mejor forma es que los empresarios seamos embajadores contando nuestro testimonio.

¿Cuál debería ser la gran apuesta diferenciadora de El Salvador para la atracción de inversión extranjera y qué papel juega el empresariado en construir esa identidad como destino de inversión?
La marca país también se construye desde las empresas que operan aquí, desde cómo generan empleo, cómo innovan, cómo cumplen estándares internacionales y cómo cuentan sus experiencias positivas al mundo.
El sector privado puede ayudar a posicionar a El Salvador como un hub regional de servicios, tecnología, logística, turismo e industria especializada, demostrando que aquí se puede invertir, crecer y expandirse hacia otros mercados.
Los inversionistas escuchan mucho a otros inversionistas. Por eso, cada empresa que tiene una experiencia positiva en el país se convierte también en un embajadora de El Salvador.
Se habla mucho de convertir a El Salvador en un «hub» regional. ¿Qué significa realmente ese concepto para la ANEP?
Hay industrias con un enorme potencial como servicios, logística, tecnología, turismo, manufactura especializada, farmacéuticas y energía, entre otras, pero todas coinciden en algo: necesitan un entorno moderno, digital, y conectado.
En ANEP creemos que el empresariado tiene también la responsabilidad de impulsar esa visión, invirtiendo, innovando y ayudando a posicionar a El Salvador como un país competitivo y abierto a nuevas oportunidades. Porque un hub no se construye solo con infraestructura; se construye con confianza, talento humano y colaboración entre el sector público y privado.
¿Cómo visualiza el impacto social de la Inteligencia Artificial y cuál debería ser el rol del sector privado para que sea inclusiva?
La inteligencia artificial va a transformar profundamente la manera en que producimos, trabajamos y resolvemos problemas, y eso es una enorme oportunidad de crecimiento y bienestar para las sociedades.
En esto el sector privado tiene un rol fundamental. No solo como usuario de tecnología, sino como impulsor de capacitación, reconversión laboral, innovación y generación de nuevas oportunidades. Las empresas tendrán que invertir cada vez más en talento humano, habilidades digitales y formación continua.
La inteligencia artificial no debe verse como una herramienta para sustituir personas, sino para potenciar capacidades humanas. Los países y las empresas que mejor integren tecnología con talento humano serán los que realmente lideren esta nueva etapa.
Para El Salvador, esto también representa una oportunidad. Tenemos una población joven, adaptable y con mucho potencial. Si logramos conectar educación, tecnología y empresa privada, el país puede insertarse de manera muy competitiva en esta nueva economía global.
¿Qué áreas del quehacer estatal o de la economía nacional considera que podrían transformarse radicalmente con la adopción de tecnologías emergentes, y qué tipo de colaboración público-privada imagina para esos escenarios?
Además de salud, vemos grandes oportunidades en educación, logística, servicios financieros, atención ciudadana, turismo, industria y gestión de trámites, entre otros. La IA puede ayudar a tomar decisiones más ágiles, mejorar la experiencia de las personas, optimizar recursos y aumentar la competitividad de las empresas.
Creemos que el mejor escenario es uno donde el sector público, la empresa privada y la academia trabajen juntos para impulsar capacitación, innovación, infraestructura digital y marcos que faciliten la adopción tecnológica de manera responsable.
El Salvador tiene una oportunidad interesante porque, al ser un país pequeño y dinámico, puede adaptarse con mayor rapidez a nuevas tecnologías. Si logramos combinar apertura a la innovación, talento humano y cooperación entre sectores, podremos acelerar muchísimo la modernización y la competitividad del país.
¿Es importante para la ANEP trabajar de forma articulada con la academia?
En los últimos años ha habido avances importantes y cada vez existe más conciencia de que la academia, el sector privado y el sector público necesitan trabajar de manera más articulada.
Estamos frente a la oportunidad de lograr una conexión más permanente entre la formación del talento y las necesidades que evolucionan rápidamente en la economía. Las industrias cambian a gran velocidad por la tecnología, la digitalización y las nuevas dinámicas globales, y eso exige una comunicación mucho más constante entre universidades y empresas para anticipar las habilidades que se necesitarán en el futuro.
¿La ANEP representará al sector empleador en espacios internacionales como la Organización Internacional del Trabajo?
¡Absolutamente! La competitividad y el bienestar de los trabajadores no son objetivos opuestos, sino complementarios. Ningún país puede aspirar a un crecimiento sostenible si no logra generar oportunidades, estabilidad y condiciones que permitan a las personas desarrollarse. Hoy las empresas entienden cada vez más que el talento humano es uno de los activos más importantes para la productividad, la innovación y el crecimiento.
Y al mismo tiempo, para atraer inversión y generar empleo de calidad, también se necesita un entorno que permita a las empresas ser competitivas y adaptarse a los cambios económicos y tecnológicos.
Como ANEP apoyamos todo tipo de tratado que venga en favor de la reputación positiva de El Salvador y este es un caso, vamos a ir [a Ginebra] para dar testimonio a nivel mundial de que en el país se está avanzando en materia laboral. Esto nos dará como resultado poder atraer mayor inversión y por ende crecer y llevar más prosperidad.
En ANEP hemos encontrado un empresariado comprometido con la inversión, el desarrollo, el crecimiento y la prosperidad de El Salvador. Creo que ese milagro [económico] lo vamos a lograr.
¿Cuál cree que será el principal legado que esta generación de empresarios puede dejarle al país, más allá de los indicadores económicos?
El valor más importante es la capacidad de adaptarse sin perder principios. La tecnología, los mercados y las dinámicas globales seguirán evolucionando, pero valores como la responsabilidad, la ética, la confianza, la resiliencia y el compromiso con El Salvador deben seguir guiando al sector privado.
ANEP tiene la oportunidad de seguir siendo un espacio que promueva diálogo, visión de futuro y colaboración entre distintos sectores, entendiendo que los grandes desafíos del país requieren esfuerzos compartidos.
El mejor legado no será solamente económico, sino haber ayudado a construir un país donde más personas encuentren oportunidades para crecer, emprender y desarrollarse. Las empresas no solo participan en la economía; también forman parte del tejido social del país.






