La primera jornada del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) con el apoyo del Gobierno de Panamá, se convirtió en una tribuna para que jefes de Estado y de gobierno expusieran coincidencias sobre el rumbo que necesita la región para ganar protagonismo global: integración, fortalecimiento institucional y una agenda de desarrollo centrada en mejorar la vida de las personas.
En la apertura, Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, subrayó que el encuentro busca acordar acciones conjuntas que incidan en «el crecimiento, la inclusión y la competitividad» de la región.
Señaló que el foro registró una acogida «sin precedentes», con más de 6,000 personas inscritas provenientes de más de 70 países, y que las deliberaciones aspiran a generar insumos concretos para políticas y alianzas que eleven el bienestar en América Latina y el Caribe.
La idea de actuar como bloque en un mundo fragmentado atravesó los discursos. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que «seguir divididos nos vuelve más frágiles» y defendió la integración regional como respuesta a tensiones geopolíticas, económicas y tecnológicas. Además, retomó el espíritu del Congreso de 1826 como referencia para la cooperación actual y remarcó que «la integración y la infraestructura no tienen ideología», en alusión a la necesidad de impulsar proyectos comunes que conecten la región.
Desde Panamá, el presidente José Raúl Mulino coincidió en que América Latina debe conformarse como un bloque para ganar capacidad de negociación y equilibrio frente a presiones externas.
En su intervención, insistió en que «nuestros pueblos nos exigen que trabajemos más en las coincidencias» y planteó la asociación entre países, así como la articulación entre el Estado y el sector privado, como vías para generar oportunidades y reducir brechas. También presentó a Panamá como un complemento —y no un competidor— para las economías regionales, con su canal y su posición estratégica al servicio del comercio.
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, puso el acento en la confianza pública y la transparencia. Alertó sobre «un momento de mentiras y de desinformación» a nivel global y llamó a construir el destino regional «con la verdad» y una «cultura de la confianza verificable». En esa línea, sostuvo que las ideologías no reemplazan el empleo como motor de dignidad, y defendió a la educación como base para consolidar democracias y combatir la pobreza.
Por su parte, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, insistió en que el foro debe ser un espacio para decisiones que se traduzcan en resultados. Planteó la integración como condición para mostrar al mundo una región «dinámica, innovadora y con potencial», y vinculó la estabilidad económica con objetivos sociales: esperanza, paz, seguridad y dignidad.
En tanto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, propuso mirar a América Latina y el Caribe como una «civilización» con identidad cultural y riqueza natural, y planteó la necesidad de un «pacto por la vida y la libertad». Remarcó que la verdadera riqueza proviene de la naturaleza y del trabajo vivo, y llamó a articular esfuerzos regionales ante amenazas transnacionales —desde la violencia hasta el crimen organizado— con cooperación e inteligencia compartida.
La discusión también incorporó la perspectiva del Caribe. El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, sostuvo que la reducción de la pobreza y la resiliencia dependen de una gestión responsable, basada en gobernanza, disciplina fiscal e instituciones fuertes. «No una gobernanza de reacción, sino una gobernanza de preparación», enfatizó, al llamar a actuar con intención frente al cambio global.
El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, también intervino en el foro con un llamado a recuperar la confianza, fortalecer la seguridad y generar condiciones estables para la inversión y el empleo. Señaló que sin seguridad no hay libertad ni crecimiento sostenible, y advirtió que la fragmentación política debilita la capacidad de la región para aprovechar sus recursos, talento y posición estratégica. En esa línea, sostuvo que la cooperación entre países, más allá de diferencias ideológicas, es clave para que América Latina pueda cambiar su trayectoria y ofrecer mejores oportunidades a sus ciudadanos.
En conjunto, las intervenciones delinearon un punto en común: para reposicionar a América Latina y el Caribe en el escenario mundial no basta con el potencial; hace falta coordinación regional, credibilidad institucional y cooperación concreta orientada al bienestar.






