La historia de «¡Ay papa que rico!» es, en esencia, una historia de migración, esfuerzo y retorno. Sus fundadores, Jacqueline Badío, originaria del distrito Chiltiupán, La Libertad Costa, y su esposo, Cristóbal Rodríguez, de raíces cubanas, han construido durante más de una década un emprendimiento que hoy cuenta con nueve restaurantes en Estados Unidos y que recientemente dio el salto hacia El Salvador.

Rodríguez, quien llegó a Estados Unidos hace varias décadas, recuerda que su relación con la cultura salvadoreña se formó mucho antes de abrir el restaurante. «Mi padre tuvo un mercado en Los Ángeles hace más de 60 años. Allí servíamos a la comunidad salvadoreña cuando no había productos latinos como ahora. Aprendí a conocer sus costumbres y su comida. Por eso, aunque soy cubano de nacimiento, me siento salvadoreño por mis vivencias y por mi esposa», señaló.

La pareja inició el negocio entre 2008 y 2009, después de una etapa complicada en la que Rodríguez perdió sus inversiones previas. La idea surgió «por accidente», según cuenta él mismo. Comenzaron con una pequeña cafetería y luego evolucionaron hacia la preparación de pollo al carbón. «Yo no sabía nada de restaurantes, absolutamente nada. Pero quería hacer un pollo jugoso, con buen sabor y sin grasa. Eso me tomó tiempo y muchas pruebas, hasta encontrar un método propio», relató.

Jacqueline Badío y Cristóbal Rodríguez han establecido nueve restaurantes en Estados Unidos. Foto DES/ Jarvyn Muñoz.

Ese pollo, preparado al carbón y con una técnica desarrollada por Rodríguez, se ha convertido en el sello del restaurante. «Nuestro pollo es saludable y tiene un sabor distinto. Como salvadoreña he probado muchos pollos allá y puedo decir que no hay otro como este», expresó Badío.

El primer restaurante en El Salvador está ubicado en el Centro Comercial La Joya, en Antiguo Cuscatlán. La inversión supera los $200,000 y, según Rodríguez, cada nueva sucursal podría requerir un monto similar. La visión es abrir entre 5 y 6 restaurantes en distintas zonas del país, dependiendo de la demanda y del personal capacitado para replicar el producto con la misma calidad.

La decisión de invertir en El Salvador también está influida por el clima de seguridad y estabilidad que perciben en el país. «Durante años era difícil pensar en invertir en El Salvador. Hoy la situación es distinta. Cuando un país tiene seguridad y un gobierno estable, la gente invierte. Eso es lo que está pasando», afirmó Rodríguez.

Además, el proyecto también tiene un componente comunitario. Parte del personal contratado para el restaurante proviene de Chiltiupán, el lugar de origen de Badillo. «Queríamos que nuestra gente también tuviera oportunidades. Para nosotros es importante generar empleo en la comunidad», expresó.

Con la apertura reciente, el siguiente paso es consolidar la marca en el país y evaluar la expansión. «Ahora lo que queda es ejecutar», concluyó Rodríguez, convencido de que la aceptación del público será la clave para seguir creciendo.

«Creemos en El Salvador y creemos en lo que estamos haciendo», agregó Badío. «Y queremos que la gente lo pruebe, porque sabemos que les va a gustar».

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