Día a día, antes de que aparezcan los primeros rayos de sol del oriente, a orillas de la playa Blanca, en Conchagua, de La Unión, ya se observa un fuerte movimiento de embarcaciones y de personas que se dedican a las diferentes actividades pesqueras en esta zona costero-marina del país.

Entre esos pescadores se prepara Emilio Molina, de más de 40 años, quien en el último mes no ha dejado de trabajar, a pesar de que hubo una veda de camarón marino, pues él se dedica a la pesca de langostas y a la extracción de ostras en los arrecifes de playa Blanca.

Su jornada comienza revisando y recogiendo el producto que ha caído en las redes que han sido tiradas desde el día anterior en altamar, una actividad que desarrolla en un promedio de dos a tres horas, y luego tira nuevamente los trasmallos para hacer las capturas que recolectará el siguiente día. «Últimamente no ha estado muy buena la pesca de langostas; hemos estado sacando entre tres y cuatro libras, pero ya viene la temporada en que sale más producto y esperamos que allí nos vaya un poco mejor, porque cuando esto está bueno se llegan a sacar hasta 50 libras en el día», explicó el pescador.

Entre las 7 y 8 de la mañana, este hombre regresa a desayunar a su casa, para luego recoger un neumático, un martillo, un cincel, una matata, sus aletas y unos lentes, para nuevamente adentrarse en el mar a llevar a cabo la segunda actividad del día: extraer ostras.

Para Molina, esta actividad le exige una mejor condición física y pone a prueba la resistencia de su cuerpo dentro del agua, pues esta faena se desarrolla de manera artesanal sumergiéndose a profundidades de más de cuatro metros para sacar las otras que están pegadas en las rocas marinas en aguas profundas.

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