El Salvador es parte de los 26 países incluidos como fundadores de la Junta de Paz, el nuevo organismo internacional creado por Estados Unidos (EE. UU.), en la administración presidencial de Donald Trump, el pasado 22 de enero, durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, considerado de suma relevancia para la toma de decisiones de impacto global.
Para David Hernández, máster en Ciencias Políticas, «este acto posiciona al país como uno de los más estrechos aliados de Estados Unidos, por un lado; y por el otro, le da una relevancia de primer nivel en la arena política internacional, al ubicarlo como un “global player” de la geopolítica mundial».
La primera misión que se ha trazado el nuevo organismo es supervisar la reconstrucción de Gaza, que ha permanecido por más de dos años en un conflicto entre Hamás e Israel.

«Es indudable que el decidido apoyo del Gobierno de El Salvador a Estados Unidos, en su objetivo de lograr una paz duradera en Gaza y Oriente Medio, tendrá unos efectos de gran relevancia para el país, no solo en el aspecto político, sino también en las relaciones económicas, de reconocimiento internacional al actual Gobierno y de legitimación y solvencia democrática», destacó Hernández.
El escritor y analista Geovani Galeas considera que la inclusión de El Salvador a la Junta de Paz está relacionada con la visión del presidente Nayib Bukele, quien lo dejó claro en el discurso que dio ante la 74.ª Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuando se hizo famosa su selfi.
En su discurso, el presidente Bukele advirtió con claridad que la ONU ya no tenía sentido, porque ya había llegado a un estado ruinoso en su capacidad de incidir para hacer una conducción global y que, por el contrario, se había convertido incluso peligrosa en tanto que se había puesto al servicio de una agenda global, conocida como 2030.

A partir de eso, Galeas señala que el principal beneficio de la inclusión en la Junta de Paz es la tentativa de que El Salvador no se quede en ese «negocio ruinoso que ha resultado la ONU y la OEA [Organización de Estados Americanos], sino intentar resolver los problemas de la comunidad internacional sobre la base del abandono de una retórica falsa, mentirosa sobre cosas como la democracia, el Estado de derecho y la paz».
Para Galeas, otro hecho que revela una coherencia en la participación del país en la Junta de Paz es que Bukele fundó la Liga de las Naciones, que proyecta la creación de un escudo de seguridad para las Américas, tomando en cuenta la experiencia obtenida con el combate a las pandillas en El Salvador.
Todas esas políticas nacionales, así como medidas internacionales le han valido al mandatario salvadoreño para obtener las más altas calificaciones en diferentes encuestas.
Con todo y las excelentes calificaciones del presidente, agrega Galeas, El Salvador tiene una «influencia limitada» debido al tamaño de su territorio y economía, así como los problemas he redados por ARENA y el FMLN que se deben resolver. No obstante, consideró: «La idea de Trump de la paz por la vía de la fuerza tiene un precedente aquí en El Salvador, con la decisión del presidente Bukele de poner y desplegar toda la fuerza del Estado contra el crimen organiza do en general, incluyendo las pandillas».
Añadió que el mundo reconoce la habilidad de «resolver concretamente un problema excepcionalmente grave [como eran las pandillas en El Salvador], a través de la toma de decisiones también excepcionales».
Por su parte, Hernández afirmó que entre las implicaciones a corto plazo de la adherencia podría estar el apoyo de militares salvadoreños en acciones de apaciguamiento y observación de Gaza. «Este paso ayudará a fortalecer las relaciones con Estados Unidos y contribuirá a un mejor trato para los salvadoreños que residen allí, toda vez que se trata de ciudadanos que luchan hombro con hombro en su misión por la paz», dijo.






