En San Sebastián Las Iguanas, del distrito de Chalchuapa, en Santa Ana Oeste, solo hay una pared con un grafiti que apenas se logra visualizar, que es una marca de los malos recuerdos y traumas que causó la MS-13 en el lugar y que por décadas tuvo atemorizados a los residentes. En ese cantón por primera vez después de muchos años vivieron la Navidad y el inicio de año de una manera diferente. Sus habitantes señalan que han logrado borrar de sus mentes la sombra de la muerte.
Reconocen que esto es gracias a la confianza que les devolvió la estrategia de seguridad del Gobierno del presidente Nayib Bukele. Cuando se les pregunta a los residentes cómo era anteriormente San Sebastián Las Iguanas, la mayoría recuerda un triple homicidio de 2018 en un cañal de la localidad conocido como El Marañón, en el caserío La Reforma
Ahí asesinaron a los hermanos Olivares, uno de 22 años y otro de 28, junto con otra persona de más avanzada edad, quienes trabajaban en la zafra. El hecho fue cometido por varios pandilleros de la MS-13.

Ese suceso marcó las vidas de los residentes y supieron que desde ese día la MS ya no entendía de abstenerse para matar.
«Aquí vivimos momentos difíciles, uno mejor prevenía y eso implicaba no salir de su casa, más si eran jóvenes. Las Navidades uno se encerraba a las 7 de la noche. En días normales uno tampoco quería salir, pasaban con armas y se escondían en barrancos detrás de las casas. Era feo, uno solo pasaba pensando en la muerte», relató Vilma Cortez, quien disfruta junto con sus hijos del cantón, que posee destinos turísticos impresionantes, entre ríos y senderos.
Los habitantes describen que sus hijos crecieron encerrados incluso con el temor de ir a la escuela y también se privaron de tener su ganado y criar aves de corral.
Sabino Alberto Monterroza, de 40 años, agricultor y ganadero de la zona, aseguró que ha vencido el miedo y acude al río San Juan, a tres kilómetros, el cual está dividido por un puente peatonal y vehicular. Sabino lo describió como «la zona límite», porque al pasarlo era territorio de la pandilla 18. Esta era una de las fronteras imaginarias que la pandilla había establecido como una manera operativa de mantener el control de sus zonas.

Sabino aseguró que en el lugar por mucho tiempo ya no se miraban carretas ni motos, ya que la misma gente había decidido no arriesgarse a salir ni a cruzar la zona límite.
«Uno camina con libertad, ahora hasta a pescar puede venir uno de noche. Lo que ha hecho el Gobierno está bueno, para todo aquel que andaba molestando ante los ojos de Dios eso no es bueno, ya ahora gracias a Dios tenemos un país sano», expresó el agricultor.






