Quedar desempleado a los 50 años no es un escena­rio que una persona quisiera imaginar, pero los es­posos Fredy Orlando Benavides e Irma Norma de Benavides han logrado aprovechar todos los cono­cimientos adquiridos en su vida laboral para sacar ventaja de las adversidades.

En octubre de 2017, Irma quedó desempleada y, luego de pensarlo mucho, decidió emprender con frutas congeladas cu­biertas de chocolate, mejor conocidos como chocobananos o chocopinchos. Así nace Chocopinchos La Skina.

«Me coloqué en una esquina de la colonia Ciudad Real, en San Miguel, con una sombrilla y una mesita, poco a poco nos dimos a conocer. En mayo del siguiente año [2018] puse otra imagen con un mueble más grande y un banner. Al estar más presentable, la gente llegaba a preguntar», comenta Irma.

En 2018 ya contaba con una sucursal en la colonia Santa Emilia, en 2019 abrió otra en Ciudad Pacífica y en agosto de 2020 ya tenía su cuarto punto de ventas en el barrio La Merced, de San Miguel.

En 2021, su esposo, Fredy, la acompañó en su proyecto de una forma más activa. Al quedar desempleado se llevó con­sigo todo el conocimiento y la astucia que le proporcionaron años de experiencia como vendedor mayorista de productos de primera necesidad.

«El propósito es generar empleo. Hay tres personas a las que se les ha generado empleo. Probablemente no estemos lo­grando las utilidades que deseamos, pero sí se les da empleo a las personas, y eso nos hace tener una satisfacción», explica Fredy.

El éxito de Chocopinchos La Skina radica en la calidad y variedad de frutas y coberturas de chocolate que ofrecen a sus clientes. «¿Quién no ha comido un chocobanano? Nosotros tra­tamos de darle un sabor diferente, en el momento se prepara con la cobertura del chocolate y el consumidor siente ese sabor al chocolate, y eso ha marcado la diferencia», agregó.

A lo largo de su vida matrimonial, esta pareja ha intentado con cinco diferentes tipos de emprendimientos, pero en ese momento pensaron no encontrarían espacio en el mundo labo­ral, y se convirtieron en emprendedores y en sus propios jefes.

«Considero que lo primero es llenarse de fe. Ya teníamos de cuatro a cinco intentos de varios tipos de negocios. Nos sen­tíamos como fracasados en su momento, pero hoy que empren­dimos esto teníamos que llenarnos de mucha fe, que en su mo­mento iba a surgir. Creo que el que inicia un emprendimiento debe tener fe en el Señor», añadió Fredy.

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